Gerardo el senador, y yo (true story)

La acción transcurre a mediados de Octubre de 2016. Estoy sentado en una terraza al lado del Senado, bebiendo una copa de vino mientras estreno mi iPad Air recién comprado y, cosa rara en mí, de un humor excelente. Les cuento: llevaba años queriendo tener un iPad, pero mi cuenta nunca había estado lo bastante saneada para permitirme lo que no deja de ser, admitámoslo, un capricho superfluo. Sin embargo, una buena racha de trabajo en verano de 2016 me animó a dar el paso y comprar a plazos un modelo no-nuevo-pero-casi que… bueno, ¡tampoco tengo que justificarme ante ustedes, diablos! No divaguemos.

El caso es que me encontraba jugueteando con el aparatejo cuando unas voces en galego me sacaron de mi ensimismamiento. (Breve inciso: aún después de diez años viviendo en Madrid, escuchar el dulce acento de la patria me hace saltar como un chucho cuando su dueño coge la correa, y buscar el origen de esa voz con mirada llena de esperanza y amistad. Curiosamente, no me pasa lo mismo con las gaitas, que sigo considerando el sonido más irritante del Universo). Me giré y vi caminar hacia mí tres hombres, bien trajeados. En el medio iba un señor de pelo plateado y bigote a juego, de unos sesenta años, con paso firme y gesto napoleónico. Escoltándole iban dos jóvenes, uno a cada lado, engominados y con gafas. Al pasar junto a mi mesa, uno de los lechuguinos dirigió al mayor el siguiente parlamento:

-Gerardo, ¿te dieron ya el iPad, el teléfono y la tarjeta de los taxis? Mira que es un dinero…

Rápidamente deduje que mis tres paisanos acababan de salir del Senado, donde el señor del bigote –Gerardo- acababa de incorporarse, y que los bienes eran regalos de bienvenida a costa del erario público. Y si se molestan en comprobarlo verán que no me engañaba: cada senador tiene derecho a una tarjeta de taxi con 3.000 euros, un iPhone y un iPad. Un IPad última generación. Un iPad mejor que el mío.

Como pueden comprender, mi ánimo ya empezaba a tornarse agrio, por lo que pedí rápidamente una nueva copa de vino que me sirviera de bálsamo reparador. Pero el daño ya estaba hecho. ¡Ah, maldito Gerardo! ¿Quién sería ese senador misterioso? ¿Cómo dar con él? Tras media hora cavilando y otra copa de vino, mi creativo cerebro me dio la solución. Abrí el navegador de mi iPad y escribí en google “senador, “Galicia” y “Gerardo”. ¡Eureka! El hombre del bigote apareció en mi pantalla.

El senador ya tenía nombre: se llamaba Gerardo Criado y, como suponía, había tomado posesión de su cargo escasos días antes, como anunciaba en prensa una escueta nota.

El misterio se había resuelto, pero algo me empujaba a seguir indagando. Quizá la magnética y varonil mirada de Gerardo, no lo sé. ¿Cómo averiguar más sobre él? ¿Y si pudiera dar con él en alguna red social? Dicho y hecho. Gerardo Criado era un hombre de su tiempo y, como tal, tenía cuenta de Twitter. Esta cuenta:

Lo primero que llama la atención es que este notable prohombre sólo tiene 4 seguidores: 2 compañeras de partido, un futbolero despistado y una atractiva joven, seguramente presa de un irrefrenable fetiche por los bigotes galaicos.

Vaya, que a Gerardo no lo sigue ni su propia familia. Ante tamaña injusticia, reconozcamos que la actividad de la cuenta no ofrece mucho atractivo: apenas una treintena de twits con preguntas gritadas al aire, con furiosas mayúsculas.

Pero, ¿y qué hay del alma de Gerardo? ¿Cuáles son sus gustos, sus aficiones, qué desvela a su noble corazón? Veamos a quién sigue: 42 cuentas escogidas. Las justas para hacerse una radiografía de la sociedad española: los partidos políticos estatales, Casa Real, Mariano Rajoy, los diarios más vendidos -incluido el Marca, ¡Gerardo es un hombre del pueblo!-, algunos periodistas mediáticos… oh, y un humorista. Sólo uno. ÉL.

Sólo quedaba una duda por despejar. Gerardo Criado había sido alcalde de Vilalba desde 2005. ¿Qué le podía había llevado, a sus 60 años, a dejar repentinamente la alcaldía por el Senado, cuando acababa de ser reelegido hacía un año? ¿La ambición de triunfar en la política estatal? ¿El deseo de emprender una última gran aventura? ¿O quizá…? OHWAIT!

Al fin todas las piezas encajaban. Según lenguas maledicentes y envidiosas, Gerardo Criado había recibido varias denuncias por presunta prevaricación en el ejercicio de la alcaldía, y acababa de ser enviado al Senado –y al aforamiento- en un movimiento ya clásico de la política española bautizado como “la jugada Barberá”.

Apuré mi copa de vino, pagué la cuenta y emprendí el camino a casa con dos lecciones aprendidas.

La primera es que me tiré años trabajando y ahorrando durante años como un gilipollas para conseguir un iPad, cuando lo único que tenía que hacer era PREVARICAR.

Y la segunda… que los corruptos prefieren la comedia mainstream.

Así que recuerden: sigan a cómicos underground. No sean como Gerardo.

 

NOTA: esta fábula está basada en hechos reales. Enlaces a las noticias:

http://www.laopinioncoruna.es/galicia/2016/10/18/toma-posesion-senador-alcalde-vilalba/1116946.html

http://elprogreso.galiciae.com/noticia/586806/el-psoe-vincula-los-movimientos-en-vilalba-una-posible-investigacion-de-la-fiscalia

http://www.galiciaconfidencial.com/noticia/34076-alcalde-investigado-pola-fiscalia-sera-senador-breve

La cuenta de Gerardo Criado sigue activa. Si quieren darle una alegría, pueden sumarse a sus 4 seguidores aquí.

 

 

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pequeños encuentros con la fama (I)

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Miren al famoso humorista, sentado relajadamente en la sala de espera del aeropuerto. Los viajeros le reconocen y saltan de emoción, se dan codazos, le miran con respeto y admiración… Él se limita a asentir con una sonrisa humilde, llena de paz.

Ahora miren un poco más a la derecha. Ahí estoy yo, ojeroso y despeinado, peleándome con el cinturón y de mal humor por el madrugón, porque odio viajar casi tanto como actuar y porque, una vez más (¡oh, sorpresa!) el detector ha pitado a mi paso y he tenido que apartarme de la fila y someterme a un cacheo.

Los viajeros forman una cola ante la puerta de embarque, a pesar de que se trata de un vuelo con asientos numerados. Apenas esperamos sentados media docena de personas. Por fin comienza el embarque y, cuando la cola está a punto de extinguirse, agarro mi mochila y me levanto para ir al mostrador. El humorista famoso se levanta también, detrás de mí. Intento apurar el paso para llegar antes que él, pero tropiezo con los cordones de mis botas (que he olvidado atar, ¿vale? ¡Es demasiado temprano!) y se me adelanta. La señorita del mostrador le reconoce y, extasiada, le pide un beso que el humorista famoso tiene la gracia de concederle. La mujer le mira alejarse unos segundos con un suspiro y, a continuación, se gira hacia mí. La decepción se adueña instantáneamente de su rostro, como si estuviera soñando con vivir en un palacio y se despertara atada sobre sus heces en un burdel de Bangkok. Supongo que no es muy fan de Paramount Comedy.

Entro en el avión. El humorista famoso camina delante de mí. Los viajeros dejan de buscar su asiento y guardar sus equipajes para dejarle paso. Con su barbilla alta y su paso firme parece Moisés, caminando mientras las aguas se abren a su paso. Yo no tengo esa suerte, me abro paso a trompicones, como un leproso en unos grandes almacenes en la apertura de las rebajas, mascullando algún “perdón…” que es recibido con gélidas miradas.

Resoplando, al fin consigo guardar mi mochila y ocupar mi asiento. El humorista famoso está en la fila de atrás, ya confortablemente sentado, atendiendo una llamada de trabajo y cerrando un caché tantas veces superior al mío que me avergüenza intentar calcularlo (pero lo hago igualmente: son doce). En cuanto cuelga el teléfono, una chica joven y atractiva se acerca a él, con mirada emocionada.

-Perdona, ¿sales en la tele?

-Sí- asiente el humorista famoso con su beatífica sonrisa.

-¡Ah! Y… oye, ¿en qué sales?

Me incorporo y miro hacia atrás. El humorista famoso tartamudea una respuesta, confuso. Por primera vez, nuestras miradas se cruzan. Sonrío. En mi cabeza suena la voz de Bob Dylan:

How does it feel…?

Alegrías las justas (y el variante significado de un sketch)

POLÍTICAMENTE CORRECTO (sketch) alegriaslasjustas00

Un salón de belleza. La empleada una mujer latina, con bata, le hace la manicura a una señora española elegantemente vestida.

MUJER

(resopla) ¡Ah…!

EMPLEADA

(se para, asustada) Uy, ¿no la habré lastimado?

MUJER

Qué va, mujer, tú sigue tranquila. Es este país…

EMPLEADA

¿Qué ha pasado ahora?

MUJER

Ya no se puede hablar. Eso pasa: que ya no se puede ni hablar…

EMPLEADA

¿Ah, no?

MUJER

¿No te has enterado? Vivimos la dictadura de lo políticamente correcto. Cuidado con llamar a lo blanco, blanco; o a lo negro, negro. Hay que elegir cada palabra cuidadosamente para no ofender, o te condenan al ostracismo social.

EMPLEADA

(se santigua) Ay, Jesús. No me diga eso, con lo malhablada que yo soy.

MUJER

Yo tenía una tía abuela que estaba impedida, Dios la tenga en su gloria. Y así lo decía ella “anda, ayúdame niña, que estoy impedida”… y un buen día resulta que esa palabra ya no se puede decir, hay que decir paralítico: pues vale. Pero de repente deciden que eso de paralítico es ofensivo y hay que decir “minusválido”…. hasta que cambian de idea y dicen que no, que queda mejor “discapacitado”. Pero espera, que eso también lo han cambiado, ahora lo que hay que decir es “persona con discapacidad”… Que yo no soy una insensible, ojo. Entiendo que las palabras, por culpa del uso que les acaba dando la gente para herir, acaban variando su significado y resultan dolorosas para los afectados. Pero eso no es culpa de las palabras, sino de las personas. A lo mejor lo que habría que empezar por cambiar son las personas, y no las palabras.

EMPLEADA

Ande, no se me haga mala sangre. Total, eso solo sirve para que salgan arrugas, con el cutis tan hermoso que tiene usted…

MUJER

Pues me ataca, ¿qué quieres que le haga? Me ataca. Mira, ayer por ejemplo: estaba en una cena, y… bueno, que salió el temita ese del matrimonio de los homosexuales…

EMPLEADA

Yo es que en esas cosas prefiero no meterme, que la gente se pone…

MUJER

El caso, que estaba hablando de los chicos estos… pero parece que no utilicé la palabra “gay”, que es la que se lleva ahora… dije otra y, en fin… que se armó la de San Quintín.

EMPLEADA

¿Por qué? ¿Cuál fue la que usó?

MUJER

Pues dije “maricones”.

EMPLEADA

Ah, coño.

MUJER

Pero vamos, que no lo dije de forma despectiva ni mucho menos. Es una forma de hablar. Y que ellos también la usan, ¿eh? Ojito.

EMPLEADA

Eso es verdad. Mire, Walter y Alfredo, los de peluquería que son… y siempre están que si “oye, maricón”, que si “calla, maricón”… ¡uh! y no vea usted qué carcajadas.

MUJER

¿Verdad? Pues si ellos la usan, tampoco será tan mala, digo yo.

EMPLEADA

¿Y le montaron ese tremendo alboroto sólo porque dijo “maricones”?

MUJER

Sí… bueno, no sé si “maricones”, o algo parecido…

EMPLEADA

¿Como dijo pues?

MUJER

Qué más da, ni me acuerdo… quizá fue “esos putos maricones de mierda”… (a la empleada se le escapa la lima, arañándola) ¡Ay! ¡Con cuidado, mujer!

EMPLEADA

¡Perdón, perdón! Es que me despisté y… no sé si la oí bien… ¿en la cena dijo usted “esos putos maricones de mierda”?

MUJER

En un contexto. Claro, es que tú lo sueltas así a las bravas y puede sonar hasta feo. Pero iba en un discurso más amplio. Justo estaba comentando algo de ellos y…

EMPLEADA

Ah, bueno, si iba en contexto. ¿Y qué es lo que estaba diciendo?

MUJER

Simplemente que había que encerrarlos.

EMPLEADA

¿Cómo?

MUJER

Mira tú que tontería, ¿eh?

EMPLEADA

Ehem… Es que no sé si la estoy siguiendo bien… ¿Usted lo que dijo en la cena fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda”?

MUJER

(asiente, y completa) …y a los panchitos de los cojones. (a la empleada se le escapa de nuevo la lima) ¡Ay! ¿Pero qué te pasa hoy, que estás tonta?

EMPLEADA

(afectada) Pero… pero…

MUJER

Bueno, tampoco te lo tomes a la tremenda, chica. Que cuando digo panchitos no me refiero a la gente como tú, honrada, que venís a trabajar, sino a todos esos maleantes que van los domingos a la casa de campo, a comer como cerdos y ponerse hasta el culo de vino, ¿a que tú no eres de esos?

EMPLEADA

(aguantando las lágrimas) Voy a veces…

MUJER

Ahí lo tienes: a veces, no siempre. De verdad, qué ganas de buscarle siempre los tres pies al gato. Si es que nos la tenemos que coger con papel de fumar…

EMPLEADA

Perdone usted…

MUJER

Anda, olvídalo.

EMPLEADA

Entonces… resumiendo… lo que usted dijo allí fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones”

MUJER

(asiente y completa) …y gasearlos como a los judíos. ¡Ahh! ¡Otra vez! ¿No vendrás piripi?

EMPLEADA

(nerviosa) No, no… es que… ¿Pero cómo pudo decir usted eso?

MUJER

¿Qué ves tú ahí de terrible?

EMPLEADA

¿¿“Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones y gasearlos como a los judíos”??

MUJER

A ver, que es una opinión. ¿Que hay gente que no opina así? Pues me parece perfecto: los respeto. Pero si yo opino de otra manera, que me respeten a mí. ¡Qué menos!

EMPLEADA

No, si visto así… pero digo yo que igual, en su caso…

MUJER

¿Mi caso? ¿Qué pasa con mi caso?

EMPLEADA

No, que… siendo usted alcaldesa…

MUJER

Ah, qué bonito. O sea, que por ser quién soy no puedo expresarme libremente. Pues perdona que te diga, pero eso es discriminación. Lo que yo decía: una dictadura. En fin, hemos acabado, ¿no? (se mira las manos) La madre que la parió, me ha dejado como Freddy Krueger…

Se oyen pitidos de coche.

EMPLEADA

Ay, creo que es por usted… a ver si le van a llevar el coche oficial…

MUJER

No te preocupes. Por eso siempre llevo tres, para estos casos. Hasta la semana que viene. Y a ver si somos más tolerantes, bonita.

La señora se va.

FIN.

Nota: este sketch se estrenó en 2013, dentro de la obra de teatro “Alegrías las justas”. Eran los tiempos en que Ana Botella ejercía de alcaldesa y Esperanza Aguirre, borracha de poder, justificaba sus salidas más reacionarias con un “es que yo soy políticamente incorrecta. Esto, unido al buen hacer de actrices y director, provocaba que el final del sketch, tras la incomodidad inicial, cerrara en ovación.

En 2015 la compañía prepara nueva versión del espectáculo y, con todo el dolor de nuestro corazón, decidimos retirar el sketch. En primer lugar porque Ana Botella ya no está en el poder y patearla en el suelo quedaría feo y revanchista. Pero, lo que es más importante: ha ocurrido el caso Zapata, se está detienendo a gente por gracietas en twitter, incluso la nueva alcaldesa declara, convencida, que “el humor negro no puede ser cruel”… Releyendo el sketch este año, lo que era una crítica a la etiqueta de lo “políticamente incorrecto” para encubrir actitudes fascistas, parece ser una defensa de la censura y los límites al humor. Una pena.

Todo esto viene a cuento porque, albricias, “Alegrías las Justas” ha vuelto a los escenarios madrileños, esta vez al Teatro Lara, y ustedes no deberían perdérsela. La obra está dirigida por Quino Falero, interpretada por Maika Jurado y Roser Pujol, y cuenta con sketches escritos por  Félix Sabroso, Yolanda García Serrano, Jaime Pujol, José Ignacio Tofé, Ignacio del Moral, Antonio Zancada, Paco Tomás, Carlos Molinero y servidor de ustedes.

un señor tumor (true story)

tumor

I. entonces

 

-Hola, Daniel. ¿Puede escucharme?

 

Abro los ojos y veo el rostro de un hombre, casi sobre mí. Sus ojos tristones, como los de un bulldog, me observan con curiosidad. Entonces veo la bata blanca y, como un rayo, vuelven los recuerdos. Y el miedo.

-¡Doc-doctor!-tengo que tragar saliva, hablar duele- Dígame… ¿Có-cómo…?

-Shhh… no se incorpore. Todo ha ido bien. Hemos extirpado el bulto sin problemas.

Una ola de paz y calor recorre mi cuerpo. Noto humedad en mi mejilla, me doy cuenta de que estoy llorando.

-Gracias… joder, estaba tan asustado…

-Ya no tiene por qué estarlo.-sonríe- Ahora, a descansar.

El hombre al que debo mi vida se gira para marcharse. Quiero detenerle, pero no sé qué decirle, ni siquiera sé su nombre. Cuando llega a la puerta se detiene.

 

-Ah, por cierto… al final no se trataba exactamente de un tumor, como pensábamos.

-¿Ah, no? Y… ¿qué era entonces?

-Un señor.

Sonríe. Le miro fijamente, pero no dice nada más. Obviamente, he oído mal.

-Perdone, ¿cómo ha dicho?

-Un señor.

-Eh… creo que no le entiendo…

-¡Un señor!- me grita como si estuviera sordo- ¡Que tenía un señor!

-¿Es una broma de hospitales o qué? Me está vacilando, ¿no?

-No, no. ¿Quiere verlo? Está aquí mismo…

 

El médico descorre la cortina de mi derecha y le veo, envuelto en una manta: es, efectivamente, un señor. Aparenta unos cincuenta años, es obeso, con una barba negra enmarañada y cubierto de un sudoroso vello corporal. Su gigantesca boca sin dientes emite un berrido gutural.

-¡¡NNNNGGGHHHIAAAAAHHHHH!!

-¡Aaaaah!- me encojo contra el cabecero de mi cama- ¿Pero qué diablos es… eso?

-No le hemos puesto nombre aún. Supusimos que le correspondía a usted, teniendo en cuenta que… en fin, ha salido de su cuerpo.

-¡Pero deje de decir chaladuras, hombre! ¿Cómo va a salir de mí ese… ese… engendro? ¡Pero mírelo! ¡Si es gigantesco!

-Ya, a nosotros también nos sorprendió su tamaño. Estaba como agazapado detrás de su riñón derecho. Verá cómo ahora nota que anda más ligero. Bueno, les dejo solos…

-¡No! ¡Por favor, no me deje con esa monstruosidad!

-¡Oiga! -el doctor endurece el gesto- No sea tan duro con él. Piense que, a nivel genético, son exactamente iguales.

-¡¡AAAUUUUUUUNNNNGGGGGHHHHH!!

El ser aúlla como un lobo gangoso. Intento evitar su mirada, pero es repugnantemente hipnótico. Me tapo los ojos. Mejor así, sin duda.

-Pero si ni siquiera parece humano… mire cómo babea, es asqueroso…

-Lógico, acaba de nacer. Tendrá usted que enseñarle a hacer todo: hablar, caminar, defecar…

-¡¿Q-qué?!

-Sí, hombre. ¿Nunca ha tenido un gatito prematuro? Se le frota la barriga con fuerza hasta que…

-Ay, Dios… esto tiene que ser una pesadilla… Mire, ¿no podrían simplemente deshacerse de él? Tirarlo con los cordones umbilicales y esas mierdas…

-No, si lo hemos intentado pero es que es increíblemente fuerte. No soporta separarse de usted. Posiblemente echa de menos el calor de su interior…

Noto la mirada de la cosa, buscándome con la desesperación de un cachorro perdido. Bajo las manos y nos miramos.

-¡¡PAPÁ!!

 

II. ahora

 

Cuando recuerdo aquellos días, todo parece un sueño. Salí del hospital tambaleándome, débil y pálido. El señor tumor me seguía, cayéndose cada dos pasos. Intenté darle esquinazo, sí, pero él siempre volvía a encontrarme. Al final, agotado, me lo llevé a la Mansión.

 

Desde entonces, han pasado tres años. Le enseñé a hablar, a caminar y -exacto- a defecar. Y, poco a poco, aunque en secreto por la vergüenza y el temor al “qué dirán”, nació un vínculo. Matricularle en la guardería fue complicado, pero gracias a mi tesón y la comprensión de una cuidadora que también había alumbrado un forúnculo, lo conseguimos. Una de muchas pequeñas batallas para Tumor. Hoy, me enorgullece decir que somos una familia. Extraña, lo admito. Pero si nos ven pasear de la mano por los alrededores de la Mansión, corriendo para espantar a las palomas y las ratas, ¿quién no sentiría ternura? Después de todo, hay cientos de tipos de familia, y ninguna es mejor que otra.

 

José Bretón y los límites del humor.

ana_rosa

Vale: todo el mundo odia a José Bretón… pero nadie dice nada de Pablo Motos. ¿Soy el único que ve aquí una doble moral?

 

Ok, supongo que esto merece una explicación…

 

Resulta que este verano se celebró el juicio a José Bretón, y una mañana de agosto en el programa de Ana Rosa (sí, estaba viendo el programa de Ana Rosa, ¿qué pasa? ¿Me meto yo en sus vidas?) sacaron un titular que decía “La policía declara que su libro favorito era El Resplandor, de Stephen King”… y yo quiero pensar que nuestras fuerzas de seguridad no lanzarían un dato así a la ligera, sino porque es de vital importancia para el caso. Pero, verán, lo cierto es que siempre se le echa la culpa de los crímenes a la literatura de terror, al cine de terror, los videojuegos violentos, al heavy-metal… Y yo, que me dedico a la comedia, quisiera creer que la comedia puede influir tu vida como cualquier otro arte, para bien… o para mal. Y si a Bretón le gusta Stephen King, es que le gustan los best-sellers, el mainstream… y si lo extrapolamos a la comedia, el programa más visto es El Hormiguero… donde, además, hacen EXPERIMENTOS… ¿me siguen?

 

Ojo, que yo no estoy diciendo que Pablo Motos sea culpable, ¿eh? ¡Faltaría! Yo no digo que Pablo Motos haya matado a esos niños. No sugiero que Pablo Motos se dedique a asesinar infantes. A lo mejor él solo los enterró… después de masturbarse, ¿quién puede saberlo? ¡Yo no!

 

Lo que quiero decir es que no puedes hacer un programa como ése y pensar que no va a haber consecuencias.

 

Lo que quiero decir es que no puedes salir en televisión, decir esas cosas y pensar que no va a pasar nada.

 

Supongo que lo que realmente quiero decir es que, en la comedia debería haber LÍMITES.

 

 

NOTA: este es uno de los bloques que probé, pero finalmente no entró en el especial de Paramount Comedy de 2014 (de estreno el 18 de Mayo en sus pantallas, amiguitos). Oh, lo intenté, no crean, pero de la docena de veces que lo probé sólo recuerdo que funcionara en dos ocasiones: una vez en el open del Picnic, y otra en una Sesión Cowabunga en Alcalá. Al final, hasta yo sé coger las indirectas…

Blanco y Negro

Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar.

(Bienvenido, Mister Marshall)

 

Solo hay una cosa más cutre que dejar abandonado un blog durante meses, y es volver excusándose y hacer propósito de enmienda. Así que, con su permiso, vamos a saltarnos esa parte. Cierto es que, por motivos laborales, la Mansión ha estado abandonada unos cuantos meses, pero como el Motel Bates, volverá a abrirse en todo su tétrico esplendor.

Y, como lo primero es lo primero…

Quizá recuerden que, antes del verano, les invitaba a la grabación de un especial independiente, en la Discoteca Gres (Moncloa- Madrid). Pues bien, ese especial se grabó, se montó -con meses de retraso- y, finalmente, se colgó en la red donde pueden verlo libremente.  Por ejemplo, aquí:

Este especial se elaboró con el material que no entró en el especial de Paramount Comedy (que no puede colgarse por razones legales, pero pueden ver un extracto aquí)  y algunas cosillas posteriores. Es un poco inconexo, algún bloque está aún verde (ah, notarán que me aturullo por momentos… más de lo habitual, quiero decir), y la repercusión que ha tenido ha sido cero… pero estoy razonablemente satisfecho de haberlo hecho. Porque, diablos, las cosas hay que hacerlas, ¿no?

Si aún siguen ahí, pronto más cosas. Besos.

la visita (true story)

coffee

 

Una agradable mañana de verano en la Mansión. Estoy sentado en la mesa de la cocina, aún con mis confortables calzoncillos-de-dormir, mientras espero plácidamente a que se haga mi vigoroso café marca “día”. La calma es abruptamente interrumpida por golpes en mi puerta. No me muevo. No suelo recibir visitas, y mucho menos por la mañana. Me imagino que será un comercial en busca de clientes; o mi casero, en busca de su alquiler; o un Testigo de Jehová en busca de almas. En cualquier caso, no tengo nada para ellos. Vuelven a llamar, esta vez con más fuerza. Cojo aire: no van a conseguir amargarme el día. Más golpes, más fuertes. No aguanto más. Doy un puñetazo a la mesa y me pongo unos pantalones a toda prisa. Dios, cómo odio a todo el mundo. Abro la puerta, desquiciado.

 

-A ver, ¡¿qué?!

-Hola, Denny.

 

Es un hombre de unos cincuenta y tantos años, bastante feo, que luce una gran barba canosa y viste un traje sobado. Estoy a punto de cerrarle la puerta en las narices cuando caigo en que me suena. Le conozco, seguro, me ha llamado por mi nombre y todo… pero no se me ocurre de qué.

 

-Eh… hola. –tanteo.

-¿No me reconoces?- me dice, sonriente.

-¡Sí, hombre, claro!- exclamo, con una risa que me suena falsa hasta a mí. Intento improvisar para ganar tiempo-. Es que… hacía mucho tiempo… ¿no?

-Qué mal mientes. No tienes ni idea de quién soy, ¿verdad?

-Perdona, sé que nos conocemos, pero ahora mismo… Me acabo de levantar y no estoy muy…

El hombre se echa a reír. Tiene una risa escandalosa y desagradable. Empieza a darme miedo.

-Soy tú, Denny.

-¿Qué eres mi qué?

-Soy tú. O, mejor dicho, lo fui. Soy el Denny del futuro.

 

Estoy a punto de mandarle a cagar, cuando me doy cuenta de que… es cierto. El tipo es idéntico a mí. Un poco más estropeado, claro, pero es yo. Y bueno, a ver, una vez te fijas tampoco es que sea tan feo. El viejales tiene un puntito canalla.

 

-¿Puedo…?- me dice, señalando el interior.

-Claro, claro…

 

Entramos en el momento justo, el café está a punto de salirse. Lo apago. El hombre –o sea, yo… el otro “yo”- se sienta, mirando la casa con una sonrisilla extraña… ¿tal vez nostálgica?

 

-¿Te apetece un café?

-Venga.

-¿Cómo te gusta?

 

El hombre levanta una ceja, burlón. Entiendo. Sirvo los dos cafés con leche y cucharada-y-media de azúcar. Asiente, aprobadoramente. Me siento a su lado y esperamos a que se enfríe, en un tenso silencio. Finalmente, reúno el valor para hablar.

 

-¿Y bien? ¿Qué es?

-¿Qué es qué?

-Lo que sea que hayas a decirme desde el futuro. –trago saliva- Venga. Estoy preparado.

-Ah, eso… pues… en realidad, nada.

-¿Cómo “nada”?

-No. Sólo venía a saludar.

 

Me quedo helado. Balbuceo, pero no consigo articular palabra. Mientras, Denny-del-futuro se me queda mirando con ojos de besugo.

 

-Perdona… ¿Te estás quedando conmigo?

-No. ¿Por qué?

-¿Haces un viaje en el tiempo sólo para eso? Tendrás algo más que decirme, espero.

-Oh, claro. –se queda un rato, pensativo- Mucho calor, ¿no?

-Me cago en… ¡Pero serás gilipollas!

-Lo siento. Es que no sé que quieres que te diga.

-Pues no sé, algo sobre mi vida. Se supone que tendrías que darme alguna advertencia, un consejo, o…

-Mmm… pues así, a las bravas… no se me ocurre.

-Por ejemplo… ¿cómo está la situación mundial?

-Igual, supongo.

-¿“supongo”?

-Es que no tengo tele.

-¡Que no tiene tele, dice! ¿Pero tú te crees que esto es normal?

-Bueno, ¿qué pasa? ¿Tienes tele, tú?

-No…

-Ahh… ¿lo ves?- dice, triunfante.

-Bueno, pero no es una cosa intencionada, o sea, espero comprarme una cuando tenga dinero… aunque si tú no la tienes quiere decir que nunca he conseguido… ay, Dios…

-Mira, esto empieza a liarse. Creo que es mejor que me vaya.

-Al menos dime si te va bien, si eres feliz ¿no?

-Pues mira, hoy tenía un buen día, pero me lo estás empezando a joder.

-Entonces, ¿a qué cojones has venido?

-Ya te lo he dicho, imbécil. –me dice entre dientes, poniéndose rojo. ¿Estará loco?-  ¡Sólo quería decirte hola!

-Bueno, pues ¡¡“hola!”!!

-¡¡Hola!!- grita, yéndose- Capullo…

 

Cierro la puerta de un portazo. Oigo cómo se aleja escaleras abajo, farfullando como un psicópata. Paseo por la cocina hasta que me tranquilizo. Entonces tengo una idea: abro el ordenador y entro en e-bay, con el único propósito de encontrar una televisión barata, sólo por joderle. Qué diablos, con suerte podría provocar una paradoja temporal que mandara el Universo a tomar por culo. Veo un par de plasma que no están nada mal… Entonces me acuerdo de que no tengo saldo en mi tarjeta. Tendría que bajar a meter dinero, pero el banco me queda lejos y… en fin, ¿qué más da? Me acabo el café. El sol brilla, pero no me engaña. Todo es una puta mierda, ¿no creen?

 

NOTA: Bueno, verán que esto no forma parte del serial. La verdad es que se está haciendo más grande y complicado de lo que pensaba, pero volverá, no lo duden. Esta entrada nace de un tweet que no llamó mucho la atención, pero a mí me hacía bastante gracia (suele pasarme). También quería hacer algo que sólo me llevara un día, para variar.

 

NOTA2: Por supuesto, todo lo que aquí se narra es real.