Gerardo el senador, y yo (true story)

La acción transcurre a mediados de Octubre de 2016. Estoy sentado en una terraza al lado del Senado, bebiendo una copa de vino mientras estreno mi iPad Air recién comprado y, cosa rara en mí, de un humor excelente. Les cuento: llevaba años queriendo tener un iPad, pero mi cuenta nunca había estado lo bastante saneada para permitirme lo que no deja de ser, admitámoslo, un capricho superfluo. Sin embargo, una buena racha de trabajo en verano de 2016 me animó a dar el paso y comprar a plazos un modelo no-nuevo-pero-casi que… bueno, ¡tampoco tengo que justificarme ante ustedes, diablos! No divaguemos.

El caso es que me encontraba jugueteando con el aparatejo cuando unas voces en galego me sacaron de mi ensimismamiento. (Breve inciso: aún después de diez años viviendo en Madrid, escuchar el dulce acento de la patria me hace saltar como un chucho cuando su dueño coge la correa, y buscar el origen de esa voz con mirada llena de esperanza y amistad. Curiosamente, no me pasa lo mismo con las gaitas, que sigo considerando el sonido más irritante del Universo). Me giré y vi caminar hacia mí tres hombres, bien trajeados. En el medio iba un señor de pelo plateado y bigote a juego, de unos sesenta años, con paso firme y gesto napoleónico. Escoltándole iban dos jóvenes, uno a cada lado, engominados y con gafas. Al pasar junto a mi mesa, uno de los lechuguinos dirigió al mayor el siguiente parlamento:

-Gerardo, ¿te dieron ya el iPad, el teléfono y la tarjeta de los taxis? Mira que es un dinero…

Rápidamente deduje que mis tres paisanos acababan de salir del Senado, donde el señor del bigote –Gerardo- acababa de incorporarse, y que los bienes eran regalos de bienvenida a costa del erario público. Y si se molestan en comprobarlo verán que no me engañaba: cada senador tiene derecho a una tarjeta de taxi con 3.000 euros, un iPhone y un iPad. Un IPad última generación. Un iPad mejor que el mío.

Como pueden comprender, mi ánimo ya empezaba a tornarse agrio, por lo que pedí rápidamente una nueva copa de vino que me sirviera de bálsamo reparador. Pero el daño ya estaba hecho. ¡Ah, maldito Gerardo! ¿Quién sería ese senador misterioso? ¿Cómo dar con él? Tras media hora cavilando y otra copa de vino, mi creativo cerebro me dio la solución. Abrí el navegador de mi iPad y escribí en google “senador, “Galicia” y “Gerardo”. ¡Eureka! El hombre del bigote apareció en mi pantalla.

El senador ya tenía nombre: se llamaba Gerardo Criado y, como suponía, había tomado posesión de su cargo escasos días antes, como anunciaba en prensa una escueta nota.

El misterio se había resuelto, pero algo me empujaba a seguir indagando. Quizá la magnética y varonil mirada de Gerardo, no lo sé. ¿Cómo averiguar más sobre él? ¿Y si pudiera dar con él en alguna red social? Dicho y hecho. Gerardo Criado era un hombre de su tiempo y, como tal, tenía cuenta de Twitter. Esta cuenta:

Lo primero que llama la atención es que este notable prohombre sólo tiene 4 seguidores: 2 compañeras de partido, un futbolero despistado y una atractiva joven, seguramente presa de un irrefrenable fetiche por los bigotes galaicos.

Vaya, que a Gerardo no lo sigue ni su propia familia. Ante tamaña injusticia, reconozcamos que la actividad de la cuenta no ofrece mucho atractivo: apenas una treintena de twits con preguntas gritadas al aire, con furiosas mayúsculas.

Pero, ¿y qué hay del alma de Gerardo? ¿Cuáles son sus gustos, sus aficiones, qué desvela a su noble corazón? Veamos a quién sigue: 42 cuentas escogidas. Las justas para hacerse una radiografía de la sociedad española: los partidos políticos estatales, Casa Real, Mariano Rajoy, los diarios más vendidos -incluido el Marca, ¡Gerardo es un hombre del pueblo!-, algunos periodistas mediáticos… oh, y un humorista. Sólo uno. ÉL.

Sólo quedaba una duda por despejar. Gerardo Criado había sido alcalde de Vilalba desde 2005. ¿Qué le podía había llevado, a sus 60 años, a dejar repentinamente la alcaldía por el Senado, cuando acababa de ser reelegido hacía un año? ¿La ambición de triunfar en la política estatal? ¿El deseo de emprender una última gran aventura? ¿O quizá…? OHWAIT!

Al fin todas las piezas encajaban. Según lenguas maledicentes y envidiosas, Gerardo Criado había recibido varias denuncias por presunta prevaricación en el ejercicio de la alcaldía, y acababa de ser enviado al Senado –y al aforamiento- en un movimiento ya clásico de la política española bautizado como “la jugada Barberá”.

Apuré mi copa de vino, pagué la cuenta y emprendí el camino a casa con dos lecciones aprendidas.

La primera es que me tiré años trabajando y ahorrando durante años como un gilipollas para conseguir un iPad, cuando lo único que tenía que hacer era PREVARICAR.

Y la segunda… que los corruptos prefieren la comedia mainstream.

Así que recuerden: sigan a cómicos underground. No sean como Gerardo.

 

NOTA: esta fábula está basada en hechos reales. Enlaces a las noticias:

http://www.laopinioncoruna.es/galicia/2016/10/18/toma-posesion-senador-alcalde-vilalba/1116946.html

http://elprogreso.galiciae.com/noticia/586806/el-psoe-vincula-los-movimientos-en-vilalba-una-posible-investigacion-de-la-fiscalia

http://www.galiciaconfidencial.com/noticia/34076-alcalde-investigado-pola-fiscalia-sera-senador-breve

La cuenta de Gerardo Criado sigue activa. Si quieren darle una alegría, pueden sumarse a sus 4 seguidores aquí.

 

 

pequeños encuentros con la fama (I)

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Miren al famoso humorista, sentado relajadamente en la sala de espera del aeropuerto. Los viajeros le reconocen y saltan de emoción, se dan codazos, le miran con respeto y admiración… Él se limita a asentir con una sonrisa humilde, llena de paz.

Ahora miren un poco más a la derecha. Ahí estoy yo, ojeroso y despeinado, peleándome con el cinturón y de mal humor por el madrugón, porque odio viajar casi tanto como actuar y porque, una vez más (¡oh, sorpresa!) el detector ha pitado a mi paso y he tenido que apartarme de la fila y someterme a un cacheo.

Los viajeros forman una cola ante la puerta de embarque, a pesar de que se trata de un vuelo con asientos numerados. Apenas esperamos sentados media docena de personas. Por fin comienza el embarque y, cuando la cola está a punto de extinguirse, agarro mi mochila y me levanto para ir al mostrador. El humorista famoso se levanta también, detrás de mí. Intento apurar el paso para llegar antes que él, pero tropiezo con los cordones de mis botas (que he olvidado atar, ¿vale? ¡Es demasiado temprano!) y se me adelanta. La señorita del mostrador le reconoce y, extasiada, le pide un beso que el humorista famoso tiene la gracia de concederle. La mujer le mira alejarse unos segundos con un suspiro y, a continuación, se gira hacia mí. La decepción se adueña instantáneamente de su rostro, como si estuviera soñando con vivir en un palacio y se despertara atada sobre sus heces en un burdel de Bangkok. Supongo que no es muy fan de Paramount Comedy.

Entro en el avión. El humorista famoso camina delante de mí. Los viajeros dejan de buscar su asiento y guardar sus equipajes para dejarle paso. Con su barbilla alta y su paso firme parece Moisés, caminando mientras las aguas se abren a su paso. Yo no tengo esa suerte, me abro paso a trompicones, como un leproso en unos grandes almacenes en la apertura de las rebajas, mascullando algún “perdón…” que es recibido con gélidas miradas.

Resoplando, al fin consigo guardar mi mochila y ocupar mi asiento. El humorista famoso está en la fila de atrás, ya confortablemente sentado, atendiendo una llamada de trabajo y cerrando un caché tantas veces superior al mío que me avergüenza intentar calcularlo (pero lo hago igualmente: son doce). En cuanto cuelga el teléfono, una chica joven y atractiva se acerca a él, con mirada emocionada.

-Perdona, ¿sales en la tele?

-Sí- asiente el humorista famoso con su beatífica sonrisa.

-¡Ah! Y… oye, ¿en qué sales?

Me incorporo y miro hacia atrás. El humorista famoso tartamudea una respuesta, confuso. Por primera vez, nuestras miradas se cruzan. Sonrío. En mi cabeza suena la voz de Bob Dylan:

How does it feel…?

Alegrías las justas (y el variante significado de un sketch)

POLÍTICAMENTE CORRECTO (sketch) alegriaslasjustas00

Un salón de belleza. La empleada una mujer latina, con bata, le hace la manicura a una señora española elegantemente vestida.

MUJER

(resopla) ¡Ah…!

EMPLEADA

(se para, asustada) Uy, ¿no la habré lastimado?

MUJER

Qué va, mujer, tú sigue tranquila. Es este país…

EMPLEADA

¿Qué ha pasado ahora?

MUJER

Ya no se puede hablar. Eso pasa: que ya no se puede ni hablar…

EMPLEADA

¿Ah, no?

MUJER

¿No te has enterado? Vivimos la dictadura de lo políticamente correcto. Cuidado con llamar a lo blanco, blanco; o a lo negro, negro. Hay que elegir cada palabra cuidadosamente para no ofender, o te condenan al ostracismo social.

EMPLEADA

(se santigua) Ay, Jesús. No me diga eso, con lo malhablada que yo soy.

MUJER

Yo tenía una tía abuela que estaba impedida, Dios la tenga en su gloria. Y así lo decía ella “anda, ayúdame niña, que estoy impedida”… y un buen día resulta que esa palabra ya no se puede decir, hay que decir paralítico: pues vale. Pero de repente deciden que eso de paralítico es ofensivo y hay que decir “minusválido”…. hasta que cambian de idea y dicen que no, que queda mejor “discapacitado”. Pero espera, que eso también lo han cambiado, ahora lo que hay que decir es “persona con discapacidad”… Que yo no soy una insensible, ojo. Entiendo que las palabras, por culpa del uso que les acaba dando la gente para herir, acaban variando su significado y resultan dolorosas para los afectados. Pero eso no es culpa de las palabras, sino de las personas. A lo mejor lo que habría que empezar por cambiar son las personas, y no las palabras.

EMPLEADA

Ande, no se me haga mala sangre. Total, eso solo sirve para que salgan arrugas, con el cutis tan hermoso que tiene usted…

MUJER

Pues me ataca, ¿qué quieres que le haga? Me ataca. Mira, ayer por ejemplo: estaba en una cena, y… bueno, que salió el temita ese del matrimonio de los homosexuales…

EMPLEADA

Yo es que en esas cosas prefiero no meterme, que la gente se pone…

MUJER

El caso, que estaba hablando de los chicos estos… pero parece que no utilicé la palabra “gay”, que es la que se lleva ahora… dije otra y, en fin… que se armó la de San Quintín.

EMPLEADA

¿Por qué? ¿Cuál fue la que usó?

MUJER

Pues dije “maricones”.

EMPLEADA

Ah, coño.

MUJER

Pero vamos, que no lo dije de forma despectiva ni mucho menos. Es una forma de hablar. Y que ellos también la usan, ¿eh? Ojito.

EMPLEADA

Eso es verdad. Mire, Walter y Alfredo, los de peluquería que son… y siempre están que si “oye, maricón”, que si “calla, maricón”… ¡uh! y no vea usted qué carcajadas.

MUJER

¿Verdad? Pues si ellos la usan, tampoco será tan mala, digo yo.

EMPLEADA

¿Y le montaron ese tremendo alboroto sólo porque dijo “maricones”?

MUJER

Sí… bueno, no sé si “maricones”, o algo parecido…

EMPLEADA

¿Como dijo pues?

MUJER

Qué más da, ni me acuerdo… quizá fue “esos putos maricones de mierda”… (a la empleada se le escapa la lima, arañándola) ¡Ay! ¡Con cuidado, mujer!

EMPLEADA

¡Perdón, perdón! Es que me despisté y… no sé si la oí bien… ¿en la cena dijo usted “esos putos maricones de mierda”?

MUJER

En un contexto. Claro, es que tú lo sueltas así a las bravas y puede sonar hasta feo. Pero iba en un discurso más amplio. Justo estaba comentando algo de ellos y…

EMPLEADA

Ah, bueno, si iba en contexto. ¿Y qué es lo que estaba diciendo?

MUJER

Simplemente que había que encerrarlos.

EMPLEADA

¿Cómo?

MUJER

Mira tú que tontería, ¿eh?

EMPLEADA

Ehem… Es que no sé si la estoy siguiendo bien… ¿Usted lo que dijo en la cena fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda”?

MUJER

(asiente, y completa) …y a los panchitos de los cojones. (a la empleada se le escapa de nuevo la lima) ¡Ay! ¿Pero qué te pasa hoy, que estás tonta?

EMPLEADA

(afectada) Pero… pero…

MUJER

Bueno, tampoco te lo tomes a la tremenda, chica. Que cuando digo panchitos no me refiero a la gente como tú, honrada, que venís a trabajar, sino a todos esos maleantes que van los domingos a la casa de campo, a comer como cerdos y ponerse hasta el culo de vino, ¿a que tú no eres de esos?

EMPLEADA

(aguantando las lágrimas) Voy a veces…

MUJER

Ahí lo tienes: a veces, no siempre. De verdad, qué ganas de buscarle siempre los tres pies al gato. Si es que nos la tenemos que coger con papel de fumar…

EMPLEADA

Perdone usted…

MUJER

Anda, olvídalo.

EMPLEADA

Entonces… resumiendo… lo que usted dijo allí fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones”

MUJER

(asiente y completa) …y gasearlos como a los judíos. ¡Ahh! ¡Otra vez! ¿No vendrás piripi?

EMPLEADA

(nerviosa) No, no… es que… ¿Pero cómo pudo decir usted eso?

MUJER

¿Qué ves tú ahí de terrible?

EMPLEADA

¿¿“Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones y gasearlos como a los judíos”??

MUJER

A ver, que es una opinión. ¿Que hay gente que no opina así? Pues me parece perfecto: los respeto. Pero si yo opino de otra manera, que me respeten a mí. ¡Qué menos!

EMPLEADA

No, si visto así… pero digo yo que igual, en su caso…

MUJER

¿Mi caso? ¿Qué pasa con mi caso?

EMPLEADA

No, que… siendo usted alcaldesa…

MUJER

Ah, qué bonito. O sea, que por ser quién soy no puedo expresarme libremente. Pues perdona que te diga, pero eso es discriminación. Lo que yo decía: una dictadura. En fin, hemos acabado, ¿no? (se mira las manos) La madre que la parió, me ha dejado como Freddy Krueger…

Se oyen pitidos de coche.

EMPLEADA

Ay, creo que es por usted… a ver si le van a llevar el coche oficial…

MUJER

No te preocupes. Por eso siempre llevo tres, para estos casos. Hasta la semana que viene. Y a ver si somos más tolerantes, bonita.

La señora se va.

FIN.

Nota: este sketch se estrenó en 2013, dentro de la obra de teatro “Alegrías las justas”. Eran los tiempos en que Ana Botella ejercía de alcaldesa y Esperanza Aguirre, borracha de poder, justificaba sus salidas más reacionarias con un “es que yo soy políticamente incorrecta. Esto, unido al buen hacer de actrices y director, provocaba que el final del sketch, tras la incomodidad inicial, cerrara en ovación.

En 2015 la compañía prepara nueva versión del espectáculo y, con todo el dolor de nuestro corazón, decidimos retirar el sketch. En primer lugar porque Ana Botella ya no está en el poder y patearla en el suelo quedaría feo y revanchista. Pero, lo que es más importante: ha ocurrido el caso Zapata, se está detienendo a gente por gracietas en twitter, incluso la nueva alcaldesa declara, convencida, que “el humor negro no puede ser cruel”… Releyendo el sketch este año, lo que era una crítica a la etiqueta de lo “políticamente incorrecto” para encubrir actitudes fascistas, parece ser una defensa de la censura y los límites al humor. Una pena.

Todo esto viene a cuento porque, albricias, “Alegrías las Justas” ha vuelto a los escenarios madrileños, esta vez al Teatro Lara, y ustedes no deberían perdérsela. La obra está dirigida por Quino Falero, interpretada por Maika Jurado y Roser Pujol, y cuenta con sketches escritos por  Félix Sabroso, Yolanda García Serrano, Jaime Pujol, José Ignacio Tofé, Ignacio del Moral, Antonio Zancada, Paco Tomás, Carlos Molinero y servidor de ustedes.

un señor tumor (true story)

tumor

I. entonces

 

-Hola, Daniel. ¿Puede escucharme?

 

Abro los ojos y veo el rostro de un hombre, casi sobre mí. Sus ojos tristones, como los de un bulldog, me observan con curiosidad. Entonces veo la bata blanca y, como un rayo, vuelven los recuerdos. Y el miedo.

-¡Doc-doctor!-tengo que tragar saliva, hablar duele- Dígame… ¿Có-cómo…?

-Shhh… no se incorpore. Todo ha ido bien. Hemos extirpado el bulto sin problemas.

Una ola de paz y calor recorre mi cuerpo. Noto humedad en mi mejilla, me doy cuenta de que estoy llorando.

-Gracias… joder, estaba tan asustado…

-Ya no tiene por qué estarlo.-sonríe- Ahora, a descansar.

El hombre al que debo mi vida se gira para marcharse. Quiero detenerle, pero no sé qué decirle, ni siquiera sé su nombre. Cuando llega a la puerta se detiene.

 

-Ah, por cierto… al final no se trataba exactamente de un tumor, como pensábamos.

-¿Ah, no? Y… ¿qué era entonces?

-Un señor.

Sonríe. Le miro fijamente, pero no dice nada más. Obviamente, he oído mal.

-Perdone, ¿cómo ha dicho?

-Un señor.

-Eh… creo que no le entiendo…

-¡Un señor!- me grita como si estuviera sordo- ¡Que tenía un señor!

-¿Es una broma de hospitales o qué? Me está vacilando, ¿no?

-No, no. ¿Quiere verlo? Está aquí mismo…

 

El médico descorre la cortina de mi derecha y le veo, envuelto en una manta: es, efectivamente, un señor. Aparenta unos cincuenta años, es obeso, con una barba negra enmarañada y cubierto de un sudoroso vello corporal. Su gigantesca boca sin dientes emite un berrido gutural.

-¡¡NNNNGGGHHHIAAAAAHHHHH!!

-¡Aaaaah!- me encojo contra el cabecero de mi cama- ¿Pero qué diablos es… eso?

-No le hemos puesto nombre aún. Supusimos que le correspondía a usted, teniendo en cuenta que… en fin, ha salido de su cuerpo.

-¡Pero deje de decir chaladuras, hombre! ¿Cómo va a salir de mí ese… ese… engendro? ¡Pero mírelo! ¡Si es gigantesco!

-Ya, a nosotros también nos sorprendió su tamaño. Estaba como agazapado detrás de su riñón derecho. Verá cómo ahora nota que anda más ligero. Bueno, les dejo solos…

-¡No! ¡Por favor, no me deje con esa monstruosidad!

-¡Oiga! -el doctor endurece el gesto- No sea tan duro con él. Piense que, a nivel genético, son exactamente iguales.

-¡¡AAAUUUUUUUNNNNGGGGGHHHHH!!

El ser aúlla como un lobo gangoso. Intento evitar su mirada, pero es repugnantemente hipnótico. Me tapo los ojos. Mejor así, sin duda.

-Pero si ni siquiera parece humano… mire cómo babea, es asqueroso…

-Lógico, acaba de nacer. Tendrá usted que enseñarle a hacer todo: hablar, caminar, defecar…

-¡¿Q-qué?!

-Sí, hombre. ¿Nunca ha tenido un gatito prematuro? Se le frota la barriga con fuerza hasta que…

-Ay, Dios… esto tiene que ser una pesadilla… Mire, ¿no podrían simplemente deshacerse de él? Tirarlo con los cordones umbilicales y esas mierdas…

-No, si lo hemos intentado pero es que es increíblemente fuerte. No soporta separarse de usted. Posiblemente echa de menos el calor de su interior…

Noto la mirada de la cosa, buscándome con la desesperación de un cachorro perdido. Bajo las manos y nos miramos.

-¡¡PAPÁ!!

 

II. ahora

 

Cuando recuerdo aquellos días, todo parece un sueño. Salí del hospital tambaleándome, débil y pálido. El señor tumor me seguía, cayéndose cada dos pasos. Intenté darle esquinazo, sí, pero él siempre volvía a encontrarme. Al final, agotado, me lo llevé a la Mansión.

 

Desde entonces, han pasado tres años. Le enseñé a hablar, a caminar y -exacto- a defecar. Y, poco a poco, aunque en secreto por la vergüenza y el temor al “qué dirán”, nació un vínculo. Matricularle en la guardería fue complicado, pero gracias a mi tesón y la comprensión de una cuidadora que también había alumbrado un forúnculo, lo conseguimos. Una de muchas pequeñas batallas para Tumor. Hoy, me enorgullece decir que somos una familia. Extraña, lo admito. Pero si nos ven pasear de la mano por los alrededores de la Mansión, corriendo para espantar a las palomas y las ratas, ¿quién no sentiría ternura? Después de todo, hay cientos de tipos de familia, y ninguna es mejor que otra.

 

José Bretón y los límites del humor.

ana_rosa

Vale: todo el mundo odia a José Bretón… pero nadie dice nada de Pablo Motos. ¿Soy el único que ve aquí una doble moral?

 

Ok, supongo que esto merece una explicación…

 

Resulta que este verano se celebró el juicio a José Bretón, y una mañana de agosto en el programa de Ana Rosa (sí, estaba viendo el programa de Ana Rosa, ¿qué pasa? ¿Me meto yo en sus vidas?) sacaron un titular que decía “La policía declara que su libro favorito era El Resplandor, de Stephen King”… y yo quiero pensar que nuestras fuerzas de seguridad no lanzarían un dato así a la ligera, sino porque es de vital importancia para el caso. Pero, verán, lo cierto es que siempre se le echa la culpa de los crímenes a la literatura de terror, al cine de terror, los videojuegos violentos, al heavy-metal… Y yo, que me dedico a la comedia, quisiera creer que la comedia puede influir tu vida como cualquier otro arte, para bien… o para mal. Y si a Bretón le gusta Stephen King, es que le gustan los best-sellers, el mainstream… y si lo extrapolamos a la comedia, el programa más visto es El Hormiguero… donde, además, hacen EXPERIMENTOS… ¿me siguen?

 

Ojo, que yo no estoy diciendo que Pablo Motos sea culpable, ¿eh? ¡Faltaría! Yo no digo que Pablo Motos haya matado a esos niños. No sugiero que Pablo Motos se dedique a asesinar infantes. A lo mejor él solo los enterró… después de masturbarse, ¿quién puede saberlo? ¡Yo no!

 

Lo que quiero decir es que no puedes hacer un programa como ése y pensar que no va a haber consecuencias.

 

Lo que quiero decir es que no puedes salir en televisión, decir esas cosas y pensar que no va a pasar nada.

 

Supongo que lo que realmente quiero decir es que, en la comedia debería haber LÍMITES.

 

 

NOTA: este es uno de los bloques que probé, pero finalmente no entró en el especial de Paramount Comedy de 2014 (de estreno el 18 de Mayo en sus pantallas, amiguitos). Oh, lo intenté, no crean, pero de la docena de veces que lo probé sólo recuerdo que funcionara en dos ocasiones: una vez en el open del Picnic, y otra en una Sesión Cowabunga en Alcalá. Al final, hasta yo sé coger las indirectas…

Blanco y Negro

Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar.

(Bienvenido, Mister Marshall)

 

Solo hay una cosa más cutre que dejar abandonado un blog durante meses, y es volver excusándose y hacer propósito de enmienda. Así que, con su permiso, vamos a saltarnos esa parte. Cierto es que, por motivos laborales, la Mansión ha estado abandonada unos cuantos meses, pero como el Motel Bates, volverá a abrirse en todo su tétrico esplendor.

Y, como lo primero es lo primero…

Quizá recuerden que, antes del verano, les invitaba a la grabación de un especial independiente, en la Discoteca Gres (Moncloa- Madrid). Pues bien, ese especial se grabó, se montó -con meses de retraso- y, finalmente, se colgó en la red donde pueden verlo libremente.  Por ejemplo, aquí:

Este especial se elaboró con el material que no entró en el especial de Paramount Comedy (que no puede colgarse por razones legales, pero pueden ver un extracto aquí)  y algunas cosillas posteriores. Es un poco inconexo, algún bloque está aún verde (ah, notarán que me aturullo por momentos… más de lo habitual, quiero decir), y la repercusión que ha tenido ha sido cero… pero estoy razonablemente satisfecho de haberlo hecho. Porque, diablos, las cosas hay que hacerlas, ¿no?

Si aún siguen ahí, pronto más cosas. Besos.

la visita (true story)

coffee

 

Una agradable mañana de verano en la Mansión. Estoy sentado en la mesa de la cocina, aún con mis confortables calzoncillos-de-dormir, mientras espero plácidamente a que se haga mi vigoroso café marca “día”. La calma es abruptamente interrumpida por golpes en mi puerta. No me muevo. No suelo recibir visitas, y mucho menos por la mañana. Me imagino que será un comercial en busca de clientes; o mi casero, en busca de su alquiler; o un Testigo de Jehová en busca de almas. En cualquier caso, no tengo nada para ellos. Vuelven a llamar, esta vez con más fuerza. Cojo aire: no van a conseguir amargarme el día. Más golpes, más fuertes. No aguanto más. Doy un puñetazo a la mesa y me pongo unos pantalones a toda prisa. Dios, cómo odio a todo el mundo. Abro la puerta, desquiciado.

 

-A ver, ¡¿qué?!

-Hola, Denny.

 

Es un hombre de unos cincuenta y tantos años, bastante feo, que luce una gran barba canosa y viste un traje sobado. Estoy a punto de cerrarle la puerta en las narices cuando caigo en que me suena. Le conozco, seguro, me ha llamado por mi nombre y todo… pero no se me ocurre de qué.

 

-Eh… hola. –tanteo.

-¿No me reconoces?- me dice, sonriente.

-¡Sí, hombre, claro!- exclamo, con una risa que me suena falsa hasta a mí. Intento improvisar para ganar tiempo-. Es que… hacía mucho tiempo… ¿no?

-Qué mal mientes. No tienes ni idea de quién soy, ¿verdad?

-Perdona, sé que nos conocemos, pero ahora mismo… Me acabo de levantar y no estoy muy…

El hombre se echa a reír. Tiene una risa escandalosa y desagradable. Empieza a darme miedo.

-Soy tú, Denny.

-¿Qué eres mi qué?

-Soy tú. O, mejor dicho, lo fui. Soy el Denny del futuro.

 

Estoy a punto de mandarle a cagar, cuando me doy cuenta de que… es cierto. El tipo es idéntico a mí. Un poco más estropeado, claro, pero es yo. Y bueno, a ver, una vez te fijas tampoco es que sea tan feo. El viejales tiene un puntito canalla.

 

-¿Puedo…?- me dice, señalando el interior.

-Claro, claro…

 

Entramos en el momento justo, el café está a punto de salirse. Lo apago. El hombre –o sea, yo… el otro “yo”- se sienta, mirando la casa con una sonrisilla extraña… ¿tal vez nostálgica?

 

-¿Te apetece un café?

-Venga.

-¿Cómo te gusta?

 

El hombre levanta una ceja, burlón. Entiendo. Sirvo los dos cafés con leche y cucharada-y-media de azúcar. Asiente, aprobadoramente. Me siento a su lado y esperamos a que se enfríe, en un tenso silencio. Finalmente, reúno el valor para hablar.

 

-¿Y bien? ¿Qué es?

-¿Qué es qué?

-Lo que sea que hayas a decirme desde el futuro. –trago saliva- Venga. Estoy preparado.

-Ah, eso… pues… en realidad, nada.

-¿Cómo “nada”?

-No. Sólo venía a saludar.

 

Me quedo helado. Balbuceo, pero no consigo articular palabra. Mientras, Denny-del-futuro se me queda mirando con ojos de besugo.

 

-Perdona… ¿Te estás quedando conmigo?

-No. ¿Por qué?

-¿Haces un viaje en el tiempo sólo para eso? Tendrás algo más que decirme, espero.

-Oh, claro. –se queda un rato, pensativo- Mucho calor, ¿no?

-Me cago en… ¡Pero serás gilipollas!

-Lo siento. Es que no sé que quieres que te diga.

-Pues no sé, algo sobre mi vida. Se supone que tendrías que darme alguna advertencia, un consejo, o…

-Mmm… pues así, a las bravas… no se me ocurre.

-Por ejemplo… ¿cómo está la situación mundial?

-Igual, supongo.

-¿“supongo”?

-Es que no tengo tele.

-¡Que no tiene tele, dice! ¿Pero tú te crees que esto es normal?

-Bueno, ¿qué pasa? ¿Tienes tele, tú?

-No…

-Ahh… ¿lo ves?- dice, triunfante.

-Bueno, pero no es una cosa intencionada, o sea, espero comprarme una cuando tenga dinero… aunque si tú no la tienes quiere decir que nunca he conseguido… ay, Dios…

-Mira, esto empieza a liarse. Creo que es mejor que me vaya.

-Al menos dime si te va bien, si eres feliz ¿no?

-Pues mira, hoy tenía un buen día, pero me lo estás empezando a joder.

-Entonces, ¿a qué cojones has venido?

-Ya te lo he dicho, imbécil. –me dice entre dientes, poniéndose rojo. ¿Estará loco?-  ¡Sólo quería decirte hola!

-Bueno, pues ¡¡“hola!”!!

-¡¡Hola!!- grita, yéndose- Capullo…

 

Cierro la puerta de un portazo. Oigo cómo se aleja escaleras abajo, farfullando como un psicópata. Paseo por la cocina hasta que me tranquilizo. Entonces tengo una idea: abro el ordenador y entro en e-bay, con el único propósito de encontrar una televisión barata, sólo por joderle. Qué diablos, con suerte podría provocar una paradoja temporal que mandara el Universo a tomar por culo. Veo un par de plasma que no están nada mal… Entonces me acuerdo de que no tengo saldo en mi tarjeta. Tendría que bajar a meter dinero, pero el banco me queda lejos y… en fin, ¿qué más da? Me acabo el café. El sol brilla, pero no me engaña. Todo es una puta mierda, ¿no creen?

 

NOTA: Bueno, verán que esto no forma parte del serial. La verdad es que se está haciendo más grande y complicado de lo que pensaba, pero volverá, no lo duden. Esta entrada nace de un tweet que no llamó mucho la atención, pero a mí me hacía bastante gracia (suele pasarme). También quería hacer algo que sólo me llevara un día, para variar.

 

NOTA2: Por supuesto, todo lo que aquí se narra es real.

la esperanza es un plato que se sirve frío (3)

nube

 

Continúa de cap. 1 y cap. 2

 

Capítulo 3: “Qué bello es vivir”

 

I

 

El reloj de mi teléfono marca las 7:59. Apago la alarma justo antes de que suene, no va a ser necesario. Otra noche en vela, y van… Aún así, la sola idea de salir de esta cama se me antoja titánica. Observo impotente cómo pasan los minutos: 8:05. 8:12. 8.19. Ya no tendré tiempo para desayunar. De todos modos, aunque me hubiera levantado a tiempo, el montón de platos sucios que ocupa perpetuamente nuestra cocina me habría quitado las ganas de preparar nada. La palma se la lleva un vaso con una enorme grieta en forma de “d” que, si la memoria no me falla, no ha sido lavado nunca desde que vinimos al piso. Eva lo usó para tomar un zumo -que no le gustó- y ahí lo dejamos criando moho, primero por desidia y después por curiosidad científica. Estos días, la materia verde ha adquirido un inquietante tono negruzco y está a punto de alcanzar el borde del vaso. Me gusta pensar que es una metáfora de nuestra relación. Finalmente, a las 8:26 reúno fuerzas para ponerme en pie. Pero antes de dejar el cuarto, hay una desagradable tarea de la que debo ocuparme…

 

-Eva… -no reacciona. La empujo un poco- ¡Eva!

-¿…mmqué?

-Acuérdate de que tienes que ir a firmar lo del paro hoy…

-Ya lo sé…

-Pero hazlo, ¿eh? Mira que si no, te quitan el subsidio…

-Que ya lo sé, joder… No soy subnormal.

-Lo puedes hacer por Internet si…

-¡Te quieres abrir ya!

-Vale, vale…

 

Entro en el baño y me desnudo para darme un agua rápida. Antes de meterme en la ducha, cometo el error de mirarme en el espejo. Oh, Dios. ¿En serio soy yo ese hombre viejo y fofo? Ya he pasado esa fase de parecer mi propio padre, ahora soy más bien como un primo retrasado de mi abuelo. ¿Cómo he llegado a esto? Será cosa de la resaca, imagino: esa única e ininterrumpida resaca que llevo viviendo desde hace veinte años. Les he hablado del aspecto hinchado y desaliñado de Eva, pero hay que reconocer soy un consorte más que digno. Parece increíble pensar que hubo un tiempo en el que había gente que quería follar con nosotros. Oh, y nosotros nos aprovechamos de ello, por supuesto. Luego venían las broncas, separaciones, apasionadas reconciliaciones… y vuelta a empezar desde la casilla de salida. Ahora… bueno, ahora nadie quiere follar con nosotros. Ni siquiera nosotros queremos follar con nosotros. Ocurre cada tres meses o así, en esos extraños momentos en que la intoxicación y la lujuria vencen a la aprensión. Imagino que desde fuera debe resultar un espectáculo grotesco e hipnótico a la vez, como ver dos hipopótamos locos intentando agredirse con sus genitales. Tras acabar, ni siquiera podemos mirarnos en todo el día, de pura vergüenza. Ups, las 8:51, se me ha vuelto a ir la olla. El hombre del espejo me devuelve la mirada con gesto burlón. ¿Saben? La gente se cree que tocas fondo cuando te miras al espejo y sientes asco. No es verdad. Tocas fondo el día que te miras al espejo, ves que das asco y te da igual. Entro en la ducha y abro el agua, aunque sé que no servirá de nada.

 

Salgo de mi hogar, dulce hogar. Me fumo un pitillo mientras voy de camino al trabajo, caminando a buen ritmo. Estoy a punto de alcanzar mi destino cuando miro el reloj: las 9:19. Mierda, es demasiado pronto. Doy un par de vueltas a la manzana hasta que dan las 9:25. Ahora sí, es el momento. Asomo la cabeza desde la esquina y espero. Simulo consultar algo en el teléfono unos instantes… y entonces, por fin, la veo.

 

Echo a andar hacia Ella intentando aparentar normalidad, coordinando mi velocidad con la suya para que crucemos la puerta en el mismo momento. Ambos estamos llegando ya a la entrada. Oh, Dios, la tengo a menos de un metro de distancia. Voy a abrir la puerta para dejarle paso cuando, ¡mierda! alguien se me adelanta. Consigo recuperar mi posición con un empujón casual y camino apenas un paso tras ella. Radiografío mentalmente todos los detalles de este breve encuentro: su perfume (es el de siempre), su pelo (hoy lo lleva recogido), su ropa (traje-chaqueta morado, pero no muy formal… ¿quizá vintage? Ni idea, pero le sienta de muerte), su expresión (seria, quizá más de lo normal… ¿estará preocupada? ¿Por qué? ¿Problemas en el trabajo? ¿Sentimentales?), el ruido de sus zapatos contra el suelo… Es importante absorberlo todo, porque este recuerdo, que repasaré mentalmente cientos de veces, será lo único que me hará aguantar toda la jornada en este trabajo de mierda sin estallar.

 

Atravesamos el hall y nuestros caminos se separan definitivamente: ella sube a la planta superior, mientras yo me dirijo a los vestuarios, donde me espera mi chalequito verde. Ah, no se lo había dicho, ¿verdad? Soy reponedor en una gran superficie dedicada al mundo del entretenimiento. Efectivamente, en…

 

INTERFERENCIA 01

 

Más allá de la atmósfera, allí donde ni siquiera Félix Baumgartner se atreve a aventurarse, hay un lugar rebosante de paz, armonía y lucecitas bonitas. Richard Dawkins lo llamaría ridícula fantasía fruto de la superstición y la ignorancia. Nosotros, para abreviar, vamos a llamarlo Cielo.

 

-Y bien, Salandriel. ¿Te crees preparado para ganarte tus alas?

-Sí, Padre.

-Sabes que antes debes cumplir una dura prueba.

-La que sea.

-Celebro tu entusiasmo. Pero sé cauto, la confianza en uno mismo, cuando es excesiva, puede transformarse en orgullo.

-Tiene razón, Padre. Descuide.

-¿Y cuál será tu labor entre los hombres, Salandriel? ¿Alimentar a los hambrientos? ¿Consolar a los moribundos? ¿Salvar a los descarriados?

-Ninguna de esas, Padre.

-¿Entonces?

-Quiero hacer brotar el Amor allí donde nadie lo creería posible.

 

FIN DE LA INTERFERENCIA

 

II

 

Entro en casa, con el peso de ocho horas y media de aburrimiento y humillaciones sobre los hombros, y no puedo creer lo que veo. Sobre la mesa de la cocina, hay una bandeja llena de croquetas de jamón marca “Día”, una pizza 4 quesos Casa Tarradellas y dos litronas de cerveza.

 

-¿Y esto?

-Sorpresa. He hecho la cena.

-Oh. Joder, gracias.

-Bueno…- dice sirviéndome un vaso- y también tenía que contarte una cosa…

-¿Qué ha pasado?

-Nada, que estaba saliendo de casa y me llamó Susi y… ya sabes cómo se enrolla, total… que se me fue la olla y… no llegué a lo del paro.

-Ay, Dios…

-Me cago en la puta, si es que soy lo peor. ¿Estás enfadado?

 

¿Enfadado? Bueno, supongo que debería estarlo. Menos dinero supone que no podremos pagar el alquiler, a no ser que dejemos de comer, y, lo que es peor, salir… por no hablar de las facturas. Pero no, no estoy enfadado. Hace tiempo que esta parodia de vida ha dejado de afectarme. Es como ver desde el sofá un serial de muy bajo presupuesto. Solo vivo cuando la veo a Ella… ¿de verdad estaba preocupada? ¿O son solo imaginaciones mías? ¿Cómo podría…?

 

-¡Que si estás enfadado!

-Pues… -me encojo de hombros- Ya nos apañaremos, ¿no?

-¡Yeah! –grita, aliviada- ¿Te parece si cenamos rápido y bajamos a tomar una?

 

Qué diablos, tampoco es que tenga ningún plan mejor, ¿no? Me bebo el vaso de cerveza de un solo trago. Un sabor agradable, aunque un poco amargo, recorre mi garganta. Al dejar el vaso en la mesa, veo una extraña grieta que lo recorre.

Tiene forma de “d”.

 

Continúa en el capítulo 4: “Primer contacto”.

la esperanza es un plato que se sirve frío (2)

Continúa del cap. 1

boca

 

Capítulo 2: “La peor novia del mundo”.

 

I.

 

Supongo que no soy lo que se puede decir una persona de aromas. Sé que el campo huele a campo, la ciudad huele a ciudad y los pedos huelen a risa. Y esos son, básicamente, todos los olores que mi cerebro es capaz de distinguir. Para que se hagan una idea, la última vez que me puse colonia fue el día de mi primera comunión. Mis inquietudes en este área no van más allá de utilizar gel y desodorante Axe durante y tras mi ducha diaria. En cuanto a mi fidelidad a esta marca, no piensen que se debe a un gusto desmesurado por su olor, ni mucho menos: simplemente era la marca que me regalaban en Navidades desde la adolescencia. Muchos años después sacaron esas campañas publicitarias en las que las mujeres se transformaban en perras en celo en cuanto aspiraban sus efluvios, dejando bien a las claras cuál era el nicho de mercado que perseguía Axe: el de los gilipollas. Recuerdo haberme planteado seriamente abandonarles por su desvergüenza, pero el mal ya estaba hecho. Ahora incluso me divierte la mirada de “¿en serio?” que me echa la cajera del supermercado cada vez que compro un pack. A veces hasta me despido de ella guiñándole un ojo seductoramente, sólo por ver su expresión de contenido desprecio. Hey, es una de las ventajas de no tener orgullo.

 

No, no soy en absoluto una persona de aromas. O, mejor dicho, no lo era. Hasta que llegó ella.

 

Recibo apenas una ráfaga, cuando nos cruzamos en la puerta del trabajo, camino de nuestros mundos respectivos. Y no se debe a que utilice una colonia especialmente penetrante. Es perfume mezclado con piel mezclado con alma. Huele a bailar de noche junto al mar. Huele a cerveza fría después del sexo. Huele a despertar en una almohada fresca mientras el sol entra por la ventana. Huele a ronroneo de gato. Huele… a esperanza.

 

Sea lo que sea, es un olor que no podría ser más diferente al que invade mis fosas nasales en este momento. Estoy en la cama bajo Eva que, entre ronquidos, vuelca su aliento post-cogorza a milímetros de mi nariz. El olor es tan penetrante que atraviesa todas las barreras que podrían obstaculizar su paso como la coca – con tropezones, ¿recuerdan?- que consumí hace apenas tres horas, los mocos ensagrentados o la característica peste a miseria de nuestro piso. Ah, y si estamos así de juntitos no es por romanticismo, sino porque el otro lado de la almohada está cubierto de vómito. Pero no es la farlopa, ni los ronquidos, ni el olor lo que me mantienen despierto mientras amanece. Lo cierto es que últimamente no duermo mucho.

 

Supongo que tienen curiosidad por saber cómo acabé teniendo la peor novia del mundo, ¿verdad? No es que no fuera algo premeditado, claro. No es el tipo de meta que alguien se pone en la vida. Empezamos a salir hace como veinte –Jesús, ¡veinte!- años. Y, aunque sea difícil de creer, entonces no éramos los grotescos despojos que tienen ahora ante ustedes. De hecho, antes de inflarse por el alcohol y la medicación, Eva estaba razonablemente buena. Y debo añadir que yo, sin ser guapo, tenía lo que algunas amigas definieron como “un punto raro morboso”. Yo tocaba en un grupo “grunge”, ella cantaba en otro -además de ser camarera en uno de los bares rockeros de moda- y los dos estudiábamos en la universidad. Algunos amigos nos llamaban Kurt y Courtney –y nosotros nos hacíamos los indignados pero, por supuesto, nos encantaba. Irónicamente, con los años ha resultado una comparación más que acertada… ahora que Courtney es una yonki acabada y Kurt… en fin, supongo que ya saben lo de Kurt.

 

Pero noto cierta incredulidad en sus mirada. Están pensando: “¿La peor novia del mundo? ¡Vaya un exagerado! La chica es un poco excesiva, nada más”. Bien, revolveré el baúl de los recuerdos dolorosos para ustedes. Para que no haya la más mínima duda de la veracidad de lo que les cuento intentaré ser lo más imparcial y aséptico que pueda. Escojamos una anécdota al azar, por ejemplo… vale, ya la tengo.

 

 

II.

 

CASA DE PADRES ÁLVARO. INT. NOCHE

 

Un piso pequeño, decorado con motivos navideños. Sobre la mesa, bandejas de turrón, platitos con uvas y copas de champán). Están sentados ÁLVARO (ese soy yo), EVA, MADRE DE ÁLVARO y PADRE DE ÁLVARO. La TV, encendida, retransmite en directo desde la madrileña Plaza de Sol.

 

PADRE          : (levantando su copa) ¡Feliz Año nuevo!

 

MADRE         : Espera a las doce, Fermín.

 

Todos ríen de buen humor. Tras unos instantes se hace el silencio, solo roto por Eva, que se tapa la boca, presa de un ataque de risa. Todos la miran, divertidos.

 

EVA               : Perdón…

 

MADRE         : ¿Qué pasa, niña? (señala a su marido) Las tonterías de este, ¿no?

 

EVA               : No, no, es otra cosa… (vuelve a reírse)

 

ÁLVARO      : (por lo bajo) Eva, por favor…

 

MADRE         : Ay, deja a la chica que se ría si quiere.

 

PADRE          : Pero que nos diga qué es, ¿no?

 

EVA               : (señalando a Álvaro, entre risas) Se comió una polla una vez…

 

MADRE         : (pálida) ¿Q-qué?

 

ÁLVARO      :¿Pero es que estás loca, JODER?

 

EVA               : (gritando, histérica) ¿AH, NO? ¿Y LUEGO EN AQUELLA RAVE QUE NOS ENROLLAMOS CON AQUELLA DRAG, QUE ESTÁBAMOS DE PIRULAS, QUE LUEGO TE FUISTE A PILLAR MEDIO GRAMO Y PASASTE DE MI CULO?

 

Se hace el silencio. Todos miran abajo, avergonzados. La madre llora. En la TV, empiezan a sonar las doce campanadas.

 

TV                   : ¡Feliz 2005 a todos!

 

EVA               : Eh… esos eran los cuartos, ¿no?

 

Supongo que basta para que se hagan una idea, ¿no? En fin, me gustaría que la anécdota fuera más definitiva, poder señalar un punto exacto en el tiempo, una decisión errónea donde decir “y así fue como todo se jodió”; pero realmente las cosas nunca funcionan así. Uno no se encuentra con una vida de mierda de un día para otro. Es un proceso de degradación lenta e imparable. Su grupo no llegó a nada, el mío tampoco, dejamos de estudiar… Pasas de un trabajo de mierda a otro un poco peor, cinco días puteado, ponerte el sexto y descansar el séptimo. Tus amigos que triunfan desaparecen, y son sustituidos por otros de tu mismo status. Y sin que te des cuenta pasa una semana tras otra tras otra tras… hasta que un día tienes un momento de claridad, examinas tu vida y ves que no hay ninguna posibilidad realista de mejora. Que no hay ningún escenario posible en el que salgas de la mierda.  La parte buena es que, cuando llegas a este punto, ya ni siquiera te importa. No hay rabia, ni furia, ni desesperación. Solo una suave y continua tristeza, pero hasta eso se va desvaneciendo poco a poco. Cuando has perdido la esperanza, dejas de sentir nada.

 

Y así estoy yo: sin esperanza. O, mejor dicho, así es como estaba.

 

Hasta que apareció Ella.

 

Continúa en el capítulo 3: “Qué bello es vivir”.

 

NOTA: bueno, ha tardado más de lo que debería, pero aquí está el capítulo 2. espero ir publicando las entregas siguientes cada 10 días, más o menos. tampoco estoy seguro de cuántos capítulos quedan, pero el plan es acabar antes del verano. veremos.

la esperanza es un plato que se sirve frío (1)

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Capítulo 1: “Lunch-time”

I

No, no es guapa. O sea, cualquier chica puede ser guapa. Sales a la calle, y dices: “mira esa chica, qué guapa”; o “no, esa otra es más guapa”. Tienes una novia guapa, amigas guapas, una prima del pueblo guapa… Hasta tu madre puede ser guapa –ya, ya sé que la tuya en concreto no, pero entiendes a dónde quiero llegar, ¿verdad?- En Madrid la gente se llama guapa o guapo de forma rutinaria,“Hola, guapa”. Ni siquiera tienen que caerse bien, allí es como decir “hola… persona”. Ya puedes tener una jeta como la almorrana de un leproso, que al final del día te habrán llamado guapo quince veces. Así que, respondiendo a tu pregunta: no, no diría que ella es guapa. Es hermosa. Tan hermosa que ni siquiera la deseo. Es decir, claro que sí querría, pero… no, lo que siento por ella va más allá del deseo. Es… adoración. Sí, eso es: la adoro. La idea de tocarla me parece un sacrilegio, porque no somos de la misma especie. Es como esas series de dibujos antiguos donde tenías aquellos hombres bajitos y contrahechos y las mujeres diosas de dos metros a las que ni siquiera podían ver la cabeza, ¿te acuerdas? La adoro más allá de la esperanza. Ni siquiera me planteo tener una conversación con ella, ¿para qué? Me conformo con verla cada día. Saber que existimos en el mismo mundo, que hay una vida más allá de esta parodia de mierda. Una vida mejor.

-¿Y qué tiene de malo la vida que llevamos?

Increíblemente, Rober me pregunta de forma sincera. Estamos sentados en el diminuto baño de un antro, sólo separados del húmedo suelo por nuestros vaqueros raídos, mientras nos hacemos unas rayas. Son las tres de la mañana. Martes. Pero hey, solo se tienen 38 años una vez.

-Supongo que nada…- contesto con desgana.

-Es que no sé por qué te estás quejando siempre. Tienes tu curro fijo, el grupo, tu pisito… bueno, y tu novia. Ya le molaría a un montón de gente estar en tu lugar.

¿Lo ven? Esto es algo que me cabrea sobremanera: el estúpido argumento de “hay gente que está peor” cada vez que protestas por algo. No te jode, por supuesto que siempre va a haber un pringado que está peor que tú, pero eso no hace que te sientas mejor… a no ser que seas un sádico. Sádico, e imbécil. He llegado a la conclusión de que los homeless, yonkis y prostitutas callejeras son en realidad funcionarios pagados por el gobierno para que los desgraciados de a pie aceptemos nuestra tortura diaria y, encima, agradecidos. Los imagino llegando a casa, quitándose las ropas sucias y el maquillaje para ponerse un batín de seda y servirse un whiskey. Estoy a punto de replicarle a Rober la subnormalidad que acaba de soltar cuando la puerta se abre a mis espaldas, lanzándome despedido contra la pared. Por suerte, Rober reacciona rápido y, exhibiendo reflejos que nadie sospecharía al ver su eternamente adormilado gesto, rescata la tarjeta sin que se derrame una micra.

-¡Perdón, chavales, perdón!

El intruso es un borrachuzo gordo que entra pisoteándonos mientras se baja la cremallera. Antes de que podamos protestar, se saca la polla y comienza a mear. Un chorro marrón cae a borbotones, como una catarata de miseria. Gotitas de pis rebotan contra la taza y caen sobre la tarjeta donde está nuestro tentempié nocturno. Sin esperar siquiera a la sacudida de rigor, el intruso se guarda el arma del crimen y desaparece. Rober y yo nos miramos, desolados. Tras unos segundos, mi camarada se encoge de hombros.

Hacemos lo que tenemos que hacer.

II

Subimos las escaleras, con el sabor de la coca –y de aquello en lo que no quiero pensar- en el fondo de la garganta. El panorama en la planta superior no es mucho más bonito: apenas hay una docena de habituales, en distinto grado de intoxicación. Ni siquiera hablan o hacen el mínimo esfuerzo de divertirse. Me darían asco si no fuera porque son mi gente. Todos atrapados en una eterna huída hacia delante, como lemmings asmáticos arrastrándose lentamente hacia el abismo. Una mujer rechoncha, con una enmarañada melena verde, despega la cabeza de la barra y me mira con ojos inyectados en locura.

-Has estado metiéndote, ¿verdad? ¡Has estado metiéndote, hijo de puta!

La perturbada se acerca a mí amenazadoramente, blandiendo una botella de cerveza. Busco a Rober, pero se ha escaqueado con una habilidad que sería la envidia de un Ninja. Antes de que pueda aplacarla, la mujer tropieza y se desmorona en el suelo, como un saco de melones podridos. Todo el mundo se ríe de ella: una gota de alegría en el Infierno. La observo unos segundos: no parece respirar. ¿Estará muerta? Me agacho a su lado y la oigo murmurar insultos, al borde de la inconsciencia. No ha habido suerte. Me armo de valor e intento levantarla del suelo. Desde lo más hondo de sus entrañas, una arcada se abre paso a la superficie. Vómito anaranjado se derrama por sus labios, su ropa, mi mano…

Damas y caballeros, les presento a Eva.

Mi novia.

Continúa en el capítulo 2: “La peor novia del mundo”.

NOTA: este es el 1er capítulo de un serial que se irá completando a lo largo del verano. viendo las estadísticas del blog he visto que las entradas que más les han interesado han sido las de relatos de ficción, desde luego mucho menos que mis profundos pensamientos sobre mi carrera o la comedia. mensaje captado. no se incomoden por ello, después de todo aquí son ustedes mis invitados.