los olvidados

-Ha si-si-si-sss-sido culpa m-m-mía, ¿verdad?

El profesor Bertram Blake no contestó. A decir verdad, ni siquiera había oído la pregunta. Su vista seguía fija en la cosa que tenía ante él, aullando y retorciéndose en el suelo. Y no piensen que al definirlo como “cosa” uno pueda pecar de insensible, pues aquello no se parecía a ningún ser vivo conocido: era, básicamente, un montón de vísceras de las que surgían tentáculos, garras y colmillos de modo aparentemente anárquico. Resultaba difícil creer que, apenas un minuto antes, era un niño de doce años.

 -¡AAAAAARHG! ¡MI CARAAAAGHH!

 Blake se preguntaba cómo era capaz de emitir una voz casi inteligible, si no había nada en su rostro que se pareciera remotamente a una boca humana. ¿Quizá esa hendidura en lo que antes era la frente, de donde salían esos pequeños gusanos rosados? Observarlo era fascinante y repulsivo a la vez, como ver copular a dos moscas ancianas. Ni siquiera oía los gritos de terror del resto de la clase, once chiquillos arrinconados contra la pared. A su lado, el pequeño Klaus seguía lloriqueando. El niño le tiró de la manga al profesor, sacándole repentinamente de su trance. 

-Yo no q-q-q-quería, lo ju… lo jjjju….

-Shhh… Lo sé, chico.

Blake se sorprendió al oír lo calmada que sonaba su propia voz. Por el contrario, en su interior tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no estrangular al chaval allí mismo. ¿Cómo se había podido joder todo así? Si era un hechizo de lo más simple, de los que un niño de primer curso podría haber hecho dormido. “Tinctorium orchideus”, agitas la varita y tu tintero se transforma en un ramo de flores. Pero claro, el tontaina se había trabado, había añadido media docena de sílabas y… bueno, ahí estaba el resultado. Había transformado a su compañero de pupitre en un engendro que le quitaría las ganas de almorzar al mismísimo Chtulluh.

-¿Ma-ma-marcus s-s-se p-p-p-pondrá bien?

-Claro que sí, Klaus. -sonrió Blake- Claro que sí.

Pero en realidad no estaba tan seguro. O sea, era de suponer que sí, que llegaría el día en que el chico recuperaría su cuerpo, aunque no iba a ser sencillo. Cierto es que todo hechizo tiene su contrahechizo, pero lo que había hecho Klaus era algo nuevo, una fórmula de Magia nunca realizada. Tendrían que desentrañar primero qué diablos había hecho, cómo lo había hecho, y a partir de ahí desarrollar un hechizo para revertirlo. Un proceso que podría llevar años a los mejores creadores de hechizos del mundo, y con todos los magos ocupándose de la guerra que estaba por venir… vamos, que más le valía al pobre bastardo acostumbrarse a su nueva jeta.

-¡¡¡¡AYUDAAAHHHGGGG!!! ME DUELEEEEEGHHH….

El aullido agonizante hizo reaccionar al fin a Blake, que comprendió que debía tomar el mando.El profesor tomó aire, se mesó las barbas y carraspeó.

-¡Atención, clase! -su voz retumbó en la abovedada aula como un trueno- Llevad a Marcus a la enfermería inmediatamente. Y necesito que alguien vaya a ver al director y le cuente qué ha pasado.

-Jjjjí, jjjeñó Bbbbb….

-No, será mejor que no seas tú, Eloísa. -dijo Blake, con un suspiro. Pasó la vista por la clase y ante la falta de mejor candidato, dijo:- En fin, Klaus, hazlo tú. ¡Corred todos, vamos!

Los chicos cogieron aquello que había sido su compañero y salieron corriendo por el pasillo. El profesor Blake se sentó en su silla y masajeó las venas de su frente, que parecían a punto de reventar. Tras asegurarse de que no se acercaba nadie, cogió su copa de agua y susurró “Finite Incantatum”, convirtiendo así el líquido incoloro en ron. Tras un trago reparador, volvió a cuestionarse si la idea de montar un aula de educación especial en Hogwarts para chicos con defectos en el habla había sido una buena idea. No eran malos chavales, algunos tenían un poder notable, y Blake los apreciaba sinceramente, pero… en fin, quizá era mejor que disléxicos, tartamudos y gangosos se mantuvieran por siempre alejados de una varita. Era el quinto alumno transmutado de la semana. Y apenas estaban a miércoles.

-No,- se dijo el maestro, apurando su copa- definitivamente esta clase nunca pasará a la Historia…

 

 

NOTA: Esta cosa es la primera hasta ahora que hago con la única intención de ser publicada aquí. Bueno, no era la intención original que tenía para el blog, pero qué diablos, es mi Mansión y la redecoro cuando quiero. Tampoco va a ser el único cambio, espero que muy pronto pueda publicar aquí también cosas escritas por otras personas (con dos únicos requisitos: que sea gente que mole, y además amigos míos). Ah, y sí, soy muy fan de J.K. Rowling. ¡Mira tú a qué edad me da por hacer fan-fiction!

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