el asesino era el felpudo (by More MEro)

Felpudo

En la Mansión de Denny las cosas no son como en el resto de mansiones. En la penthouse delcomediante gallego, el asesino no es el mayordomo. Es el felpudo.

“¿El mayordomo? No, eso es una mariconada”, esputó Denny de buena mañana aquel domingo, enfundado en su bata granate, muy a lo Hugh Hefner. “En mi casa el asesino va a ser el felpudo. He leído que hay felpudos diseñados para matar, y quiero uno.”, prosiguió. “¿Es que no confía en mí, señor?”, quiso saber su mayordomo. “No, Rudolf, es evidente que no”, contestó Denny, implacable.

Así que se compró un felpudo inteligente. Se trataba de un gadget muy inusual, tremendamente difícil de encontrar, ya que casi nadie sabía (ni sabe) de su existencia. “Espías & Graznas” se llamaba la tienda donde lo adquirió. “Su inteligencia artificial es asombrosa, señor. Ya verá cuando lleguen visitas desagradables a su casa. En cuanto abra usted la puerta y diga unas palabras para recibir al visitante en cuestión, WELCOME TO HELL (ése era el nombre del modelo) sabrá automáticamente si ha de acabar con la vida de ese individuo o no. Éste sistema puede discernir entre un tono de voz receptivo y uno hostil, independientemente de las palabras que se digan”.

Denny parecía cada vez más interesado en el producto. “Pruebe, pruebe.” – continuó el dependiente de la tienda –  “Me pongo el felpudo bajo los pies, y usted me dice algo. Dígame unas palabras amenazadoras, algo como NO ME GUSTA SU MALDITO FELPUDO, o algo así, pero dígamelas en un tono amable, entrañable, ¿de acuerdo? Verá cómo el felpudo no me mata en absoluto. Le aseguro que no querrá marcharse de aquí sin su WELCOME TO HELL.

A Denny le salió en ese momento una sonrisilla de medio lado de lo más pillastre. Tomó aire, levantó ligeramente la barbilla, se inclinó hacia el vendedor y, muy serio, con el ceño fruncido, le susurró con una voz tan negra como el sobaco de una gárgola del infierno: “Pablito clavó un clavito”.

“¡Argh! ¡Maldito seas, cliente desconocido!”, alcanzó a gritar el comerciante, mientras la muerte le subía por las piernas. Al escuchar la amenazadora voz oculta tras aquellas vacuas palabras, el letal artefacto se había accionado. “El felpudo tiene… tiene unos pinchos diminutos, cargados de veneno, que se accionan con las palabras insufladas de odio de su dueño, aunque éste diga PABLITO CLAVÓ UN CLAVITO”, dijo agonizando el vendedor, con Lady Guadaña arañándole el corazón. “Me lo llevó”, contestó un impertérrito Denny, y empujó al vendedor, que se desplomó contra el frío suelo. Denny introdujo el producto en el interior de su mochila de pinchos y se marchó de la tienda regalando un “Yeah” de desdén hacia el moribundo que yacía tendido sobre las baldosas del local.

– ¿Pero qué es esta mierda?

¿Cómo? No entiendo.

– Esta mierda de un felpudo que mata. ¿Qué coño es eso? Esto es una chorrada.

¿Quién habla?

– Soy un lector, ¿vale? Por desgracia, claro. Estaba ojeando el blog de Denny Horror, y me he encontrado esto. Maldita la hora…

¡Eh! ¿Y no te gusta?

– ¡No! Claro que no. El blog no está mal, pero esto… ¿qué coño es esto?

A ver, Denny me ha invitado a escribirle algo, y le he escrito esto. Bueno, no sé… Respeto que no te guste, pero oye, que el título estaba bastante claro, ¿no? Ya sabías dónde te estabas metiendo.

– Bah, qué va, tío. Nada, eso no es excusa. El título era atractivo. Me indujo a leer. Me engañaste, mierdas.

No me gusta que te comportes así en la Mansión de Denny. Eres un maleducado. No sigas por ahí.

– ¡Ja, ja, ja! “No sigas por ahí”, dice. Qué pringao…

¿Cómo te llamas, hijo?

– Pablito. Me llamo Pablito.

¡Ja, ja! Pablito. Vaya nombre de idiota.

– ¡Eh!

¡Ah! ¡Ya sé! Te has ofendido por lo de “Pablito clavó un clavito”, ¿eh? No porque el texto no mole.

– No. Me he molestado porque el texto no hay por dónde cogerlo.

No. Lo siento. Yo tengo razón, y tú no. Y, por molestar, vas a ser la siguiente víctima del felpudo.

– ¿¡Cómo!? Pero eso… eso… ¡eso no tiene lógica!

¿Cómo que no? ¿Nunca has oído hablar de la lógica interna de una pieza de ficción?

– No.

Pues cállate y muere.

– Jo…

Al día siguiente de comprar su nuevo juguetito, Denny se encontraba en casa, aburrido. Su mansión es grande, y en ella cabe mucha anodinia. El destino quiso que le llegase a su bandeja de entrada de correo electrónico un mensaje de un tal Pablito. Parecía un fan. “Me gusta mucho tu blog”, comentaba el susodicho en el correo. “En especial el texto del felpudo”, decía a continuación. “¿Puedo pasar esta noche por tu mansión?”, inquiría el fan al final del escrito. “Faltaría más”, le contestó el futuro anfitrión de la velada. “Ven a las 21h. Y trae una buena botella de vino.”, le escribió por último, y se retiró a sus aposentos a prepararse para recibir a su primer pre-cadáver felpudístico oficial.

Y a las nueve en punto sonó el timbre de la puerta. Denny se dispuso a caminar hacia la puerta. “¿Quiere que abra yo, señor?”, quiso saber su mayordomo. “No, hostia”, contestó el gallego, visiblemente molesto. “Además, ¿tú no estabas despedido?”, preguntó. “No, señor, que yo sepa no. Me gustaría seguir trabajando para usted. Me gusta mucho su chiste del retrasado luchando contra un hipopótamo en una plaza de toros. Me recuerda mucho a mí película favorita: GLADIATOR”. “¡Ja, ja! Sí… ése es bueno”, dijo Denny, con una amplia sonrisa. “Pero, ¿sabés qué, Rudolf?”, prosiguió, cambiando su expresión a una de disgusto. “Hay dos cosas que me rompen el culo: una el papel higiénico del MERCADONA, y la otra son los chantajistas emocionales. No intentes jugar con los sentimientos de este Cómico da Morte. Estás despedido, Rudolf. Ahora vete. ¡Ah! Y acuérdate de venir mañana a por tus cosas. Cuando vengas, asegúrate de colocarte bien sobre el felpudo cuando llames a la puerta, ¿eh, Rudolf? Y trae una buena botella de vino”.

Volvió a sonar el timbre de la puerta, y Denny comenzó a caminar hacia ella, mientras Rudolf se dirigía a la puerta de atrás, entre sollozos. Denny abrió la puerta principal.

“Hola. ¿Denny? Soy Pablito”. “¿Pablito? ¿El de PABLITO CLAVÓ UN CLAVITO?, contestó el anfitrión, con una voz cínica y con tintes de desprecio, elevando ligeramente su labio superior, como si se tratase de un ídem leporino.

Y Pablito comenzó a morir. A morir lenta y angustiosamente. Una muerte indigna para un ser indigno.

– Bueno, ya vale, ¿no? No hace falta recrearse tanto.

Te jodes. No haber interrumpido mi prosa.

Y así termina la historia de cómo Denny colocó un felpudo especial en su vida. El felpudo para las visitas no deseadas. El felpudo letal. El felpudo de la Mansión de Denny.

FIN

NOTA: y así, después de semanas de sequía -bueno, sí, intentaremos enmendarnos, jo- vuelve la Mansión con la primera colaboración especial. Y quién mejor que More MEro para inaugurar esta sección! Es ideal porque: 1- More MEro es amigo mío y me debe algún favor; 2- porque More MEro no tiene nada mejor que hacer y se aburre mucho y 3- (y más importante) porque More MEro es, a ratos, mi cómico favorito (una posición de dudoso honor que varía según mi estado de ánimo, pero MM siempre está en mi top-5). Es brillante, original y arriesgado. Vamos, que reúne todas las papeletas para comerse una mierda en el panorama hispano. Pero si aguanta las hambrunas y los dioses le son propicios, no me cabe duda de que alcanzará las metas que le vengan en gana. Y algún día podré decir a mis compañeros de asilo con orgullo que, una fría noche de invierno, le di cobijo en mi Mansión. No dejen de seguirle en su twitter, su blog, y, con suerte, pueden encuentrarle actuando en algún sótano putrefacto para cuatro alcohólicos malolientes (seguramente yo sea uno de ellos, así que acérquense a saludarme).

One comment

  1. Pingback: moremero

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