la esperanza es un plato que se sirve frío (1)

nose-study11

Capítulo 1: “Lunch-time”

I

No, no es guapa. O sea, cualquier chica puede ser guapa. Sales a la calle, y dices: “mira esa chica, qué guapa”; o “no, esa otra es más guapa”. Tienes una novia guapa, amigas guapas, una prima del pueblo guapa… Hasta tu madre puede ser guapa –ya, ya sé que la tuya en concreto no, pero entiendes a dónde quiero llegar, ¿verdad?- En Madrid la gente se llama guapa o guapo de forma rutinaria,“Hola, guapa”. Ni siquiera tienen que caerse bien, allí es como decir “hola… persona”. Ya puedes tener una jeta como la almorrana de un leproso, que al final del día te habrán llamado guapo quince veces. Así que, respondiendo a tu pregunta: no, no diría que ella es guapa. Es hermosa. Tan hermosa que ni siquiera la deseo. Es decir, claro que sí querría, pero… no, lo que siento por ella va más allá del deseo. Es… adoración. Sí, eso es: la adoro. La idea de tocarla me parece un sacrilegio, porque no somos de la misma especie. Es como esas series de dibujos antiguos donde tenías aquellos hombres bajitos y contrahechos y las mujeres diosas de dos metros a las que ni siquiera podían ver la cabeza, ¿te acuerdas? La adoro más allá de la esperanza. Ni siquiera me planteo tener una conversación con ella, ¿para qué? Me conformo con verla cada día. Saber que existimos en el mismo mundo, que hay una vida más allá de esta parodia de mierda. Una vida mejor.

-¿Y qué tiene de malo la vida que llevamos?

Increíblemente, Rober me pregunta de forma sincera. Estamos sentados en el diminuto baño de un antro, sólo separados del húmedo suelo por nuestros vaqueros raídos, mientras nos hacemos unas rayas. Son las tres de la mañana. Martes. Pero hey, solo se tienen 38 años una vez.

-Supongo que nada…- contesto con desgana.

-Es que no sé por qué te estás quejando siempre. Tienes tu curro fijo, el grupo, tu pisito… bueno, y tu novia. Ya le molaría a un montón de gente estar en tu lugar.

¿Lo ven? Esto es algo que me cabrea sobremanera: el estúpido argumento de “hay gente que está peor” cada vez que protestas por algo. No te jode, por supuesto que siempre va a haber un pringado que está peor que tú, pero eso no hace que te sientas mejor… a no ser que seas un sádico. Sádico, e imbécil. He llegado a la conclusión de que los homeless, yonkis y prostitutas callejeras son en realidad funcionarios pagados por el gobierno para que los desgraciados de a pie aceptemos nuestra tortura diaria y, encima, agradecidos. Los imagino llegando a casa, quitándose las ropas sucias y el maquillaje para ponerse un batín de seda y servirse un whiskey. Estoy a punto de replicarle a Rober la subnormalidad que acaba de soltar cuando la puerta se abre a mis espaldas, lanzándome despedido contra la pared. Por suerte, Rober reacciona rápido y, exhibiendo reflejos que nadie sospecharía al ver su eternamente adormilado gesto, rescata la tarjeta sin que se derrame una micra.

-¡Perdón, chavales, perdón!

El intruso es un borrachuzo gordo que entra pisoteándonos mientras se baja la cremallera. Antes de que podamos protestar, se saca la polla y comienza a mear. Un chorro marrón cae a borbotones, como una catarata de miseria. Gotitas de pis rebotan contra la taza y caen sobre la tarjeta donde está nuestro tentempié nocturno. Sin esperar siquiera a la sacudida de rigor, el intruso se guarda el arma del crimen y desaparece. Rober y yo nos miramos, desolados. Tras unos segundos, mi camarada se encoge de hombros.

Hacemos lo que tenemos que hacer.

II

Subimos las escaleras, con el sabor de la coca –y de aquello en lo que no quiero pensar- en el fondo de la garganta. El panorama en la planta superior no es mucho más bonito: apenas hay una docena de habituales, en distinto grado de intoxicación. Ni siquiera hablan o hacen el mínimo esfuerzo de divertirse. Me darían asco si no fuera porque son mi gente. Todos atrapados en una eterna huída hacia delante, como lemmings asmáticos arrastrándose lentamente hacia el abismo. Una mujer rechoncha, con una enmarañada melena verde, despega la cabeza de la barra y me mira con ojos inyectados en locura.

-Has estado metiéndote, ¿verdad? ¡Has estado metiéndote, hijo de puta!

La perturbada se acerca a mí amenazadoramente, blandiendo una botella de cerveza. Busco a Rober, pero se ha escaqueado con una habilidad que sería la envidia de un Ninja. Antes de que pueda aplacarla, la mujer tropieza y se desmorona en el suelo, como un saco de melones podridos. Todo el mundo se ríe de ella: una gota de alegría en el Infierno. La observo unos segundos: no parece respirar. ¿Estará muerta? Me agacho a su lado y la oigo murmurar insultos, al borde de la inconsciencia. No ha habido suerte. Me armo de valor e intento levantarla del suelo. Desde lo más hondo de sus entrañas, una arcada se abre paso a la superficie. Vómito anaranjado se derrama por sus labios, su ropa, mi mano…

Damas y caballeros, les presento a Eva.

Mi novia.

Continúa en el capítulo 2: “La peor novia del mundo”.

NOTA: este es el 1er capítulo de un serial que se irá completando a lo largo del verano. viendo las estadísticas del blog he visto que las entradas que más les han interesado han sido las de relatos de ficción, desde luego mucho menos que mis profundos pensamientos sobre mi carrera o la comedia. mensaje captado. no se incomoden por ello, después de todo aquí son ustedes mis invitados.

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