Alegrías las justas (y el variante significado de un sketch)

POLÍTICAMENTE CORRECTO (sketch) alegriaslasjustas00

Un salón de belleza. La empleada una mujer latina, con bata, le hace la manicura a una señora española elegantemente vestida.

MUJER

(resopla) ¡Ah…!

EMPLEADA

(se para, asustada) Uy, ¿no la habré lastimado?

MUJER

Qué va, mujer, tú sigue tranquila. Es este país…

EMPLEADA

¿Qué ha pasado ahora?

MUJER

Ya no se puede hablar. Eso pasa: que ya no se puede ni hablar…

EMPLEADA

¿Ah, no?

MUJER

¿No te has enterado? Vivimos la dictadura de lo políticamente correcto. Cuidado con llamar a lo blanco, blanco; o a lo negro, negro. Hay que elegir cada palabra cuidadosamente para no ofender, o te condenan al ostracismo social.

EMPLEADA

(se santigua) Ay, Jesús. No me diga eso, con lo malhablada que yo soy.

MUJER

Yo tenía una tía abuela que estaba impedida, Dios la tenga en su gloria. Y así lo decía ella “anda, ayúdame niña, que estoy impedida”… y un buen día resulta que esa palabra ya no se puede decir, hay que decir paralítico: pues vale. Pero de repente deciden que eso de paralítico es ofensivo y hay que decir “minusválido”…. hasta que cambian de idea y dicen que no, que queda mejor “discapacitado”. Pero espera, que eso también lo han cambiado, ahora lo que hay que decir es “persona con discapacidad”… Que yo no soy una insensible, ojo. Entiendo que las palabras, por culpa del uso que les acaba dando la gente para herir, acaban variando su significado y resultan dolorosas para los afectados. Pero eso no es culpa de las palabras, sino de las personas. A lo mejor lo que habría que empezar por cambiar son las personas, y no las palabras.

EMPLEADA

Ande, no se me haga mala sangre. Total, eso solo sirve para que salgan arrugas, con el cutis tan hermoso que tiene usted…

MUJER

Pues me ataca, ¿qué quieres que le haga? Me ataca. Mira, ayer por ejemplo: estaba en una cena, y… bueno, que salió el temita ese del matrimonio de los homosexuales…

EMPLEADA

Yo es que en esas cosas prefiero no meterme, que la gente se pone…

MUJER

El caso, que estaba hablando de los chicos estos… pero parece que no utilicé la palabra “gay”, que es la que se lleva ahora… dije otra y, en fin… que se armó la de San Quintín.

EMPLEADA

¿Por qué? ¿Cuál fue la que usó?

MUJER

Pues dije “maricones”.

EMPLEADA

Ah, coño.

MUJER

Pero vamos, que no lo dije de forma despectiva ni mucho menos. Es una forma de hablar. Y que ellos también la usan, ¿eh? Ojito.

EMPLEADA

Eso es verdad. Mire, Walter y Alfredo, los de peluquería que son… y siempre están que si “oye, maricón”, que si “calla, maricón”… ¡uh! y no vea usted qué carcajadas.

MUJER

¿Verdad? Pues si ellos la usan, tampoco será tan mala, digo yo.

EMPLEADA

¿Y le montaron ese tremendo alboroto sólo porque dijo “maricones”?

MUJER

Sí… bueno, no sé si “maricones”, o algo parecido…

EMPLEADA

¿Como dijo pues?

MUJER

Qué más da, ni me acuerdo… quizá fue “esos putos maricones de mierda”… (a la empleada se le escapa la lima, arañándola) ¡Ay! ¡Con cuidado, mujer!

EMPLEADA

¡Perdón, perdón! Es que me despisté y… no sé si la oí bien… ¿en la cena dijo usted “esos putos maricones de mierda”?

MUJER

En un contexto. Claro, es que tú lo sueltas así a las bravas y puede sonar hasta feo. Pero iba en un discurso más amplio. Justo estaba comentando algo de ellos y…

EMPLEADA

Ah, bueno, si iba en contexto. ¿Y qué es lo que estaba diciendo?

MUJER

Simplemente que había que encerrarlos.

EMPLEADA

¿Cómo?

MUJER

Mira tú que tontería, ¿eh?

EMPLEADA

Ehem… Es que no sé si la estoy siguiendo bien… ¿Usted lo que dijo en la cena fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda”?

MUJER

(asiente, y completa) …y a los panchitos de los cojones. (a la empleada se le escapa de nuevo la lima) ¡Ay! ¿Pero qué te pasa hoy, que estás tonta?

EMPLEADA

(afectada) Pero… pero…

MUJER

Bueno, tampoco te lo tomes a la tremenda, chica. Que cuando digo panchitos no me refiero a la gente como tú, honrada, que venís a trabajar, sino a todos esos maleantes que van los domingos a la casa de campo, a comer como cerdos y ponerse hasta el culo de vino, ¿a que tú no eres de esos?

EMPLEADA

(aguantando las lágrimas) Voy a veces…

MUJER

Ahí lo tienes: a veces, no siempre. De verdad, qué ganas de buscarle siempre los tres pies al gato. Si es que nos la tenemos que coger con papel de fumar…

EMPLEADA

Perdone usted…

MUJER

Anda, olvídalo.

EMPLEADA

Entonces… resumiendo… lo que usted dijo allí fue: “Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones”

MUJER

(asiente y completa) …y gasearlos como a los judíos. ¡Ahh! ¡Otra vez! ¿No vendrás piripi?

EMPLEADA

(nerviosa) No, no… es que… ¿Pero cómo pudo decir usted eso?

MUJER

¿Qué ves tú ahí de terrible?

EMPLEADA

¿¿“Hay que encerrar a esos putos maricones de mierda y a los panchitos de los cojones y gasearlos como a los judíos”??

MUJER

A ver, que es una opinión. ¿Que hay gente que no opina así? Pues me parece perfecto: los respeto. Pero si yo opino de otra manera, que me respeten a mí. ¡Qué menos!

EMPLEADA

No, si visto así… pero digo yo que igual, en su caso…

MUJER

¿Mi caso? ¿Qué pasa con mi caso?

EMPLEADA

No, que… siendo usted alcaldesa…

MUJER

Ah, qué bonito. O sea, que por ser quién soy no puedo expresarme libremente. Pues perdona que te diga, pero eso es discriminación. Lo que yo decía: una dictadura. En fin, hemos acabado, ¿no? (se mira las manos) La madre que la parió, me ha dejado como Freddy Krueger…

Se oyen pitidos de coche.

EMPLEADA

Ay, creo que es por usted… a ver si le van a llevar el coche oficial…

MUJER

No te preocupes. Por eso siempre llevo tres, para estos casos. Hasta la semana que viene. Y a ver si somos más tolerantes, bonita.

La señora se va.

FIN.

Nota: este sketch se estrenó en 2013, dentro de la obra de teatro “Alegrías las justas”. Eran los tiempos en que Ana Botella ejercía de alcaldesa y Esperanza Aguirre, borracha de poder, justificaba sus salidas más reacionarias con un “es que yo soy políticamente incorrecta. Esto, unido al buen hacer de actrices y director, provocaba que el final del sketch, tras la incomodidad inicial, cerrara en ovación.

En 2015 la compañía prepara nueva versión del espectáculo y, con todo el dolor de nuestro corazón, decidimos retirar el sketch. En primer lugar porque Ana Botella ya no está en el poder y patearla en el suelo quedaría feo y revanchista. Pero, lo que es más importante: ha ocurrido el caso Zapata, se está detienendo a gente por gracietas en twitter, incluso la nueva alcaldesa declara, convencida, que “el humor negro no puede ser cruel”… Releyendo el sketch este año, lo que era una crítica a la etiqueta de lo “políticamente incorrecto” para encubrir actitudes fascistas, parece ser una defensa de la censura y los límites al humor. Una pena.

Todo esto viene a cuento porque, albricias, “Alegrías las Justas” ha vuelto a los escenarios madrileños, esta vez al Teatro Lara, y ustedes no deberían perdérsela. La obra está dirigida por Quino Falero, interpretada por Maika Jurado y Roser Pujol, y cuenta con sketches escritos por  Félix Sabroso, Yolanda García Serrano, Jaime Pujol, José Ignacio Tofé, Ignacio del Moral, Antonio Zancada, Paco Tomás, Carlos Molinero y servidor de ustedes.

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