Gerardo el senador, y yo (true story)

La acción transcurre a mediados de Octubre de 2016. Estoy sentado en una terraza al lado del Senado, bebiendo una copa de vino mientras estreno mi iPad Air recién comprado y, cosa rara en mí, de un humor excelente. Les cuento: llevaba años queriendo tener un iPad, pero mi cuenta nunca había estado lo bastante saneada para permitirme lo que no deja de ser, admitámoslo, un capricho superfluo. Sin embargo, una buena racha de trabajo en verano de 2016 me animó a dar el paso y comprar a plazos un modelo no-nuevo-pero-casi que… bueno, ¡tampoco tengo que justificarme ante ustedes, diablos! No divaguemos.

El caso es que me encontraba jugueteando con el aparatejo cuando unas voces en galego me sacaron de mi ensimismamiento. (Breve inciso: aún después de diez años viviendo en Madrid, escuchar el dulce acento de la patria me hace saltar como un chucho cuando su dueño coge la correa, y buscar el origen de esa voz con mirada llena de esperanza y amistad. Curiosamente, no me pasa lo mismo con las gaitas, que sigo considerando el sonido más irritante del Universo). Me giré y vi caminar hacia mí tres hombres, bien trajeados. En el medio iba un señor de pelo plateado y bigote a juego, de unos sesenta años, con paso firme y gesto napoleónico. Escoltándole iban dos jóvenes, uno a cada lado, engominados y con gafas. Al pasar junto a mi mesa, uno de los lechuguinos dirigió al mayor el siguiente parlamento:

-Gerardo, ¿te dieron ya el iPad, el teléfono y la tarjeta de los taxis? Mira que es un dinero…

Rápidamente deduje que mis tres paisanos acababan de salir del Senado, donde el señor del bigote –Gerardo- acababa de incorporarse, y que los bienes eran regalos de bienvenida a costa del erario público. Y si se molestan en comprobarlo verán que no me engañaba: cada senador tiene derecho a una tarjeta de taxi con 3.000 euros, un iPhone y un iPad. Un IPad última generación. Un iPad mejor que el mío.

Como pueden comprender, mi ánimo ya empezaba a tornarse agrio, por lo que pedí rápidamente una nueva copa de vino que me sirviera de bálsamo reparador. Pero el daño ya estaba hecho. ¡Ah, maldito Gerardo! ¿Quién sería ese senador misterioso? ¿Cómo dar con él? Tras media hora cavilando y otra copa de vino, mi creativo cerebro me dio la solución. Abrí el navegador de mi iPad y escribí en google “senador, “Galicia” y “Gerardo”. ¡Eureka! El hombre del bigote apareció en mi pantalla.

El senador ya tenía nombre: se llamaba Gerardo Criado y, como suponía, había tomado posesión de su cargo escasos días antes, como anunciaba en prensa una escueta nota.

El misterio se había resuelto, pero algo me empujaba a seguir indagando. Quizá la magnética y varonil mirada de Gerardo, no lo sé. ¿Cómo averiguar más sobre él? ¿Y si pudiera dar con él en alguna red social? Dicho y hecho. Gerardo Criado era un hombre de su tiempo y, como tal, tenía cuenta de Twitter. Esta cuenta:

Lo primero que llama la atención es que este notable prohombre sólo tiene 4 seguidores: 2 compañeras de partido, un futbolero despistado y una atractiva joven, seguramente presa de un irrefrenable fetiche por los bigotes galaicos.

Vaya, que a Gerardo no lo sigue ni su propia familia. Ante tamaña injusticia, reconozcamos que la actividad de la cuenta no ofrece mucho atractivo: apenas una treintena de twits con preguntas gritadas al aire, con furiosas mayúsculas.

Pero, ¿y qué hay del alma de Gerardo? ¿Cuáles son sus gustos, sus aficiones, qué desvela a su noble corazón? Veamos a quién sigue: 42 cuentas escogidas. Las justas para hacerse una radiografía de la sociedad española: los partidos políticos estatales, Casa Real, Mariano Rajoy, los diarios más vendidos -incluido el Marca, ¡Gerardo es un hombre del pueblo!-, algunos periodistas mediáticos… oh, y un humorista. Sólo uno. ÉL.

Sólo quedaba una duda por despejar. Gerardo Criado había sido alcalde de Vilalba desde 2005. ¿Qué le podía había llevado, a sus 60 años, a dejar repentinamente la alcaldía por el Senado, cuando acababa de ser reelegido hacía un año? ¿La ambición de triunfar en la política estatal? ¿El deseo de emprender una última gran aventura? ¿O quizá…? OHWAIT!

Al fin todas las piezas encajaban. Según lenguas maledicentes y envidiosas, Gerardo Criado había recibido varias denuncias por presunta prevaricación en el ejercicio de la alcaldía, y acababa de ser enviado al Senado –y al aforamiento- en un movimiento ya clásico de la política española bautizado como “la jugada Barberá”.

Apuré mi copa de vino, pagué la cuenta y emprendí el camino a casa con dos lecciones aprendidas.

La primera es que me tiré años trabajando y ahorrando durante años como un gilipollas para conseguir un iPad, cuando lo único que tenía que hacer era PREVARICAR.

Y la segunda… que los corruptos prefieren la comedia mainstream.

Así que recuerden: sigan a cómicos underground. No sean como Gerardo.

 

NOTA: esta fábula está basada en hechos reales. Enlaces a las noticias:

http://www.laopinioncoruna.es/galicia/2016/10/18/toma-posesion-senador-alcalde-vilalba/1116946.html

http://elprogreso.galiciae.com/noticia/586806/el-psoe-vincula-los-movimientos-en-vilalba-una-posible-investigacion-de-la-fiscalia

http://www.galiciaconfidencial.com/noticia/34076-alcalde-investigado-pola-fiscalia-sera-senador-breve

La cuenta de Gerardo Criado sigue activa. Si quieren darle una alegría, pueden sumarse a sus 4 seguidores aquí.

 

 

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